jueves, 26 de marzo de 2026

Sobre protestas

 En los últimos días de marzo de 2026, Chile ha experimentado una reactivación de las movilizaciones sociales tras la reciente asunción de José Antonio Kast a la presidencia. Las protestas se concentran principalmente en Santiago y Concepción, marcando un cambio de tendencia respecto a la relativa calma que caracterizó gran parte del gobierno de Gabriel Boric. 

¿Por qué marchan ahora?

Las manifestaciones actuales dicen responder a una serie de medidas económicas y políticas implementadas o anunciadas por la nueva administración:

• Alza de combustibles y costo de vida: El anuncio de un aumento histórico en el precio de las bencinas detonó cacerolazos masivos en diversas comunas y bloqueos en el Metro de Santiago.

• Recortes en Educación: Organizaciones estudiantiles como la Confech y la ACES convocaron a marchas contra el recorte del 3% al presupuesto de educación y la limitación de la gratuidad hasta los 30 años.

• Políticas Medioambientales: Se han registrado protestas por el retiro de 43 decretos ambientales que estaban en Contraloría para su revisión por parte del nuevo gobierno.

• Derechos Sociales: Existe un rechazo generalizado a lo que los manifestantes denominan un "retroceso" en derechos sociales, salud y vivienda. 

¿Por qué no marchaban así durante el gobierno de Boric?

El análisis del fenómeno indica que durante el mandato de Boric hubo una disminución en la intensidad y frecuencia de las protestas masivas debido a varios factores:

• Afinidad y Diálogo: Muchas de las organizaciones que históricamente lideran las protestas (como sectores estudiantiles y sindicatos) tenían una mayor cercanía ideológica con la administración de Boric, lo que facilitó canales de diálogo antes de llegar a la calle.

• Canalización Institucional: Las demandas sociales intentaron resolverse a través de procesos institucionales, como los dos procesos constituyentes, lo que movió el conflicto de la calle a las urnas y mesas de negociación.

• Prioridades de Seguridad: Durante los últimos años del gobierno de Boric, la preocupación ciudadana se desplazó fuertemente hacia la seguridad y la crisis migratoria, lo que redujo el apoyo masivo a las manifestaciones callejeras que suelen terminar en disturbios.
El movimiento social y organizaciones de estudiantes. Son realmente autónomos
Es un debate central en la política chilena y existen dos lecturas principales que no son excluyentes:

1. La tesis de la "Cooptación e Institucionalización"
Esta postura sugiere que el movimiento social no desapareció, sino que se mudó al Estado.

• Cuadros dirigentes: Muchos líderes de las protestas de 2011 y 2019 pasaron a ser ministros, subsecretarios o diputados (incluyendo al propio Boric). Esto generó una "domesticación" de las demandas: las organizaciones sociales bajaron la presión callejera esperando que sus antiguos compañeros resolvieran los problemas desde el poder.

• Desgaste del "Estallido": Tras la violencia de 2019 y el fracaso de la primera propuesta constitucional, hubo un agotamiento social. La izquierda gobernante administró ese cansancio, transformando la movilización en procesos electorales. 

2. La tesis de la "Instrumentalización Política"

Esta visión, sostenida frecuentemente por la derecha, plantea que el movimiento es funcional a la izquierda como herramienta de desestabilización.

• Doble estándar: Se critica que las mismas razones que hoy movilizan a la gente (alza de combustibles, crisis en educación) ocurrieron bajo Boric sin generar protestas masivas. Esto sugeriría que la calle se usa para presionar solo cuando gobierna un signo contrario.

• Control territorial: Sectores de izquierda mantienen vínculos orgánicos con sindicatos y federaciones estudiantiles. Al perder el gobierno, "activan" estas bases como mecanismo de oposición extraparlamentaria para frenar la agenda del nuevo ejecutivo.

En resumen
Es posible pensar en ambas: el movimiento fue cooptado por el gobierno de Boric (perdiendo autonomía) y, al mismo tiempo, su reactivación inmediata bajo un gobierno de derecha refuerza la percepción de su funcionalidad política. La calle en Chile funciona hoy como un "veto" desde grupos afines a la Izquierda y otros afines, que parece activarse con mucha más fuerza ante agendas de corte conservador. 

miércoles, 25 de marzo de 2026

El Viaje de Thule

 En los confines donde el mapa se borra, existía un puente invisible entre los extremos del mundo: el Eje de los Soles Opuestos.

Thule, un joven cartógrafo de la mítica Hiperbórea, vivía en una tierra de primavera eterna bajo un sol que jamás se ponía. Sin embargo, las leyendas de su pueblo hablaban de un "Espejo de Fuego" en el sur absoluto, un lugar donde el mundo se consumía para poder renacer.

 Impulsado por una curiosidad que desafiaba a los dioses, Thule emprendió un viaje hacia el sur profundo.
Atravesó los océanos hasta que el aire se volvió pesado y el cielo se tiñó de un rojo violento. Había llegado a la Tierra del Fuego. Allí, las montañas no estaban cubiertas de nieve, sino de venas de lava que palpitaban como el corazón de un gigante. Los habitantes de esas costas, gigantes de ceniza, le advirtieron: "Más allá del fuego solo reside el Silencio Blanco, donde el tiempo se congela".

Sin acobardarse, Thule navegó hacia la Antártida. El contraste fue brutal: de los volcanes rugientes pasó a los hielos eternos, murallas de cristal azul que parecían guardar los secretos del universo previo al hombre. En el centro exacto del continente blanco, encontró una anomalía: una torre de hielo transparente que emitía un calor suave, similar al de su hogar hiperbóreo.

Al entrar, Thule comprendió la verdad. El calor de Hiperbórea no venía del sol, sino de un túnel energético que conectaba ambos polos. La Antártida era el yunque de hielo que enfriaba el núcleo del mundo, mientras que la Tierra del Fuego era la válvula de escape.

Él no era solo un viajero; se convirtió en el Guardián del Equilibrio, el único ser capaz de caminar entre el fuego que crea y el hielo que preserva, asegurando que los dos extremos del mundo jamás se tocaran, pues su unión significaría el fin de la historia y el inicio de un nuevo caos.

Al llegar a las costas de la Tierra del Fuego, Thule no fue recibido por playas de arena, sino por rocas negras que humeaban bajo una llovizna constante. De entre las cortinas de vapor surgieron ellos: los Gigantes de Ceniza.

No eran seres de carne común; sus cuerpos parecían esculpidos en obsidiana y sus venas brillaban con un anaranjado mortecino, como carbones que se niegan a apagarse. El líder, un coloso cuya voz sonaba como el crujido de una montaña rompiéndose, se interpuso en su camino.

¿Qué busca un hijo del sol eterno en el Reino del Hambre Roja? —retumbó el gigante, cuyo aliento exhalaba chispas.
Thule, diminuto ante tales moles, alzó su astrolabio de plata hiperbórea. Explicó que buscaba el equilibrio, el punto donde el calor extremo se encuentra con el frío absoluto. Los gigantes soltaron una carcajada que hizo temblar el suelo volcánico.

El equilibrio es una mentira de los que viven en la luz —dijo el gigante, señalando hacia el horizonte sur, donde el cielo se volvía de un azul acero aterrador—. Aquí, el fuego devora para que nada permanezca. Allá abajo, en la Antártica, el hielo congela para que nada cambie. Si cruzas el mar de Drake, el fuego en tu sangre se volverá cristal. Nadie sobrevive al beso de los hielos eternos llevando nuestro calor.
Para probar su valía, Thule tuvo que caminar sobre un río de lava solidificada que aún latía. Al llegar al otro lado, los gigantes, impresionados por su resistencia, le entregaron una Reliquia de Magma: una piedra que nunca se enfriaba.

Llévala contigo —le advirtieron—. En el desierto blanco, el silencio intentará robarte el latido del corazón. Esta piedra será tu único recuerdo de que la vida es movimiento, no solo contemplación.
Con el regalo quemándole las manos, Thule se embarcó hacia el sur, dejando atrás las hogueras de los gigantes para enfrentarse a la muralla de cristal de la Antártida.

Al llegar a la base de la gran torre en la Antártica, Thule se encontró con una pared de hielo tan densa que parecía acero azulado. El frío allí no era solo climático; era un frío espiritual que detenía los pensamientos. Recordando la advertencia de los gigantes, sacó la Reliquia de Magma.

Al acercar la piedra incandescente a la superficie helada, no hubo vapor ni estruendo. El hielo simplemente se "rindió", abriéndose como un pétalo de cristal. Dentro de la torre, el misterio se reveló en todo su esplendor: la Biblioteca de los Tiempos Congelados.

Thule no encontró libros, sino burbujas de aire atrapadas en el hielo milenario. Al tocar cada burbuja con la Reliquia de Magma, el calor liberaba una voz, un sonido o una imagen del pasado remoto. Descubrió que la Antártida no siempre fue blanca; bajo sus pies yacían los restos de una civilización que unió a Hiperbórea con el sur cuando el mundo era un solo jardín.

Pero el hallazgo más perturbador fue una burbuja gigante en el centro de la estancia. Al activarla, vio un mapa estelar que no coincidía con el cielo actual. Comprendió que la torre no era un monumento, sino un dispositivo de navegación planetaria. El "Eje de los Soles Opuestos" era el mecanismo que mantenía la inclinación de la Tierra.

Si el fuego de los gigantes se apagaba o si el hielo de la Antártica se derretía por completo, el eje se soltaría y el mundo saldría disparado hacia el vacío del espacio. Thule se dio cuenta de que su misión no era solo observar, sino alimentar la torre con la energía de la Reliquia para recalibrar el destino del planeta.

Transitoriedad

 Yo me quedaré en esta roca,

como isla erguida en la memoria del viento,
testimonio callado de lo que fue
y de aquello que ya no alcanzará a ser.

Seré la grieta donde aún respira el eco,
la sal adherida a los nombres borrados,
la forma persistente de una historia
que el tiempo deshizo sin pedir permiso.
Aquí, donde alguna vez hubo voces,
tramas de manos y acuerdos invisibles,
queda apenas la huella de un orden
que creyó durar más que la marea.

Todo fue tránsito:
el gesto, la alianza, la palabra compartida.
Un instante organizado contra el caos,
una breve arquitectura de sentido
levantada sobre arena movediza.

Y sin embargo, algo resiste:
no la estructura, ni su promesa,
sino esta quietud que observa
cómo todo se transforma y se aleja.

Yo me quedaré en esta roca,
no como quien espera,
sino como quien comprende:
que incluso lo que parece firme
es apenas un momento detenido
en el largo respirar del mundo.

martes, 24 de marzo de 2026

Tololo Pampa

 Bajo el sol inclemente del desierto de Atacama, donde el aire ondula como una tela invisible y los espejismos son trampas tendidas por la luz, se murmura la existencia de Tololo Pampa.

 No es una ciudad hecha de adobe ni de piedra, sino de deseo: un espejismo dorado que se revela solo a quienes el desierto decide probar… o devorar.

Esta es la historia de Julián, un minero cuya ambición descendía más hondo que cualquier socavón que hubiera abierto con sus manos.

Aquella mañana, Julián siguió una promesa. Creyó ver, al primer golpe de sol, una veta de plata que relucía como un hilo vivo entre la roca. Sin decir palabra, se apartó de sus compañeros. 

Atrás quedaron las advertencias sobre la camanchaca que desorienta y el viento que imita voces humanas. Julián no escuchaba: la riqueza lo llamaba con un susurro más fuerte.
Caminó hasta que el mundo cambió sin aviso.

El silencio seco del desierto se disolvió en un murmullo de agua. Risas. Música. El aire dejó de quemar. Frente a él, donde un instante antes solo había caliche y horizonte, surgió una ciudad imposible.
Torres altas como espejos atrapaban el sol y lo multiplicaban en mil destellos. Las calles brillaban como si estuvieran pavimentadas con plata pulida. El aire olía a fruta fresca, a pan recién hecho, a sombra.

Julián cruzó el umbral sin dudar.

Lo recibieron hombres y mujeres de piel clara y ojos quietos, vestidos con telas que parecían tejidas con luz. Una mujer se adelantó. Sus ojos eran profundos, como pozos donde nunca falta el agua.

—Bienvenido a Tololo Pampa —dijo con una voz que no parecía salir de su boca, sino del aire mismo—. Aquí no existe la sed, ni el hambre, ni el cansancio. Aquí solo existe lo que deseas.

Y Julián deseó.

Comió hasta olvidar el hambre. Bebió hasta olvidar la sed. Rió con desconocidos que lo trataban como a un viejo amigo. Sus bolsillos se llenaron de oro, de piedras preciosas, de promesas sólidas y brillantes. El tiempo dejó de tener bordes: días, noches, horas… todo se fundió en una sola abundancia interminable.
Hasta que, en medio de esa plenitud perfecta, algo se quebró.

Un recuerdo.
El rostro de su madre. La risa de su hijo. El polvo del campamento. La vida que había dejado atrás, pobre pero real.
Entonces quiso irse.

El guardián de la salida lo esperaba: un anciano de rostro surcado, inmóvil como una roca antigua.

—Puedes marcharte —dijo, sin mirarlo del todo—. Pero entiende esto: lo que pertenece a Tololo Pampa, aquí se queda. Y hay una regla más… —su voz se afinó, como si el desierto hablara a través de él—: no mires atrás. Si lo haces, la pampa te cobrará lo que cree que le debes.

Julián asintió sin escuchar realmente. Solo quería volver, mostrar su fortuna, demostrar que había vencido al desierto.
Corrió.

Al principio, el aire era fresco. Luego, el calor volvió de golpe, brutal, como un castigo largamente contenido. La sed le rajó la garganta. El sol le cayó encima como una losa.

Metió la mano en su bolsillo.
Arena.
En el otro.
Piedras calientes.
Nada más.

El pánico le subió por el pecho como un animal vivo. Gritó, maldijo, negó lo evidente. Y entonces, vencido por la furia y la desesperación, olvidó la advertencia.

Se detuvo.

Miró atrás.
No había ciudad.
No había torres, ni sombras, ni agua. Solo la pampa infinita, inmóvil, indiferente. Pero algo más se alzaba en la distancia: una polvareda que avanzaba lentamente, como si tuviera voluntad.

Como si lo hubiera estado esperando.

Julián nunca regresó al campamento.

Dicen los arrieros que, en las noches de luna creciente, cuando el desierto parece respirar más lento, se distingue una figura en la distancia: un hombre encorvado, cargando un saco demasiado pesado para estar vacío.

Camina sin rumbo, con los ojos clavados en el horizonte.
Buscando una ciudad que tal vez nunca existió… o que aún lo está llamando.

sábado, 21 de marzo de 2026

La Sacerdotisa

 El aire en el Qorikancha era pesado, no por la falta de oxígeno a esa altura del Cuzco, sino por el incienso de muña y el presentimiento de un cambio irreversible. Yura, una joven Aclla o Virgen del Sol, tejía con dedos expertos una túnica de lana de vicuña tan fina que parecía espuma.

Ella, como sus hermanas, había sido elegida por su belleza y linaje para servir al Inti. Su vida era el silencio, la perfección en el telar y la preparación de la chicha sagrada. Pero los rumores corrían más rápido que los chasquis: decían que desde el norte avanzaban "cerros flotantes" y hombres con piel de nube y barbas de metal.

Un amanecer de 1533, el estruendo de los cascos de los caballos rompió la paz del templo. No eran dioses, como algunos susurraban; eran hombres sedientos de lo que para los Incas era el "sudor del sol": el oro.

Yura observó desde las sombras cómo los muros de piedra perfectamente encajadas, que ella consideraba eternos, eran despojados de sus láminas doradas. El Imperio se desmoronaba entre el estruendo de las armas de fuego y la caída de Atahualpa.

Ante la llegada de los hombres de Pizarro, el Sumo Sacerdote ordenó a las vírgenes ocultar los tesoros más sagrados. Yura no salvó el oro, sino una pequeña estatuilla de piedra y las semillas de su pueblo. Mientras el Cuzco ardía y las iglesias comenzaban a alzarse sobre los cimientos incas, ella y otras Acllas escaparon hacia las altas cumbres de Vilcabamba.

Bajo la luz del Inti, que seguía brillando a pesar de la derrota, Yura comprendió que aunque el Imperio de los Cuatro Suyos había caído, su sangre y sus tejidos contarían la historia de un sol que nunca termina de ponerse.

viernes, 20 de marzo de 2026

Sobre el dolor

 Sobre el dolor

El dolor de cierta manera es un aviso, una suerte de alerta que algo nos afecta y daña.

Desde dicha mirada, aunque incluso profundamente agobiante y persistente, el dolor nos remite a un momento de malestar, riesgo, crisis o enfermedad.
Una herida, un trauma o golpe, remiten dolor y causan dolor.

Somos dolientes igualmente en la pérdida, el despojo o el abandono.

¿Es entonces posible señalar que el dolor es lo opuesto del placer?. Si bien el placer es goce, disfrute, puede allegarse a este igualmente el dolor, y así experimentar un placer con dolor, un goce con sabor extraño, que termina minando ese extasis..

Por tanto, el dolor posee cualidades variadas, no sólo emana, sino se infiltra e instala, e incluso se adosa para convivir diariamente...

Si en la herida, el dolor es alerta, un malestar que reitera su mensaje de atención, asimismo es un proceso que renuncia en la medida, que procedemos a curar y tratar esa causa.

Sin embargo, en la convivencia el dolor pareciera ser más persistente, obcecado e intrusivo.

El dolor físico podemos graduarlo en mayor o menor intensidad, el dolor emocional, espiritual inclusive, se muestra insondable, sin magnitud concreta, pues permea el conjunto de sensaciones y desde allí lanza sus pulsaciones..

El dolor físico es malestar, que golpea, quiebra y flagela, el dolor interior es más un vaho, un gas que intoxica, apremia y nos demuele lentamente..

martes, 17 de marzo de 2026

Camino a medias

 El viento blanco bajaba del Glaciar Iver como un susurro antiguo, pero para el montañista que miraba absorto, el sonido más fuerte no estaba en la montaña, sino en su propio cuerpo. A 4.000 metros, en el campamento de Piedra Numerada, el corredor se quitó la zapatilla de trail. Ahí estaba: un calor punzante en el talón de Aquiles, un tendón que ayer era acero y hoy parecía una cuerda a punto de romperse.

Meses de entrenamiento en el cerro San Cristóbal, pasadas de velocidad al alba y fines de semana de fondo en el Cajón del Maipo se resumían en ese instante. Frente a él, la mole de El Plomo se alzaba como un altar de roca y hielo, el Apu guardián que los incas eligieron para sus sacrificios más sagrados.

Nuestro caminante cerró los ojos y comenzó la batalla interna.

Por un lado, la voluntad. Esa voz que lo había hecho correr bajo la lluvia y el frío. "Es solo dolor", se decía. "Un vendaje compresivo, un par de antiinflamatorios y la adrenalina hará el resto". Su mente occidental, forjada en la superación personal y el no pain, no gain, le exigía conquistar la cumbre. La cima estaba ahí, a un día de marcha; postergarlo se sentía como una derrota, un desperdicio de meses de esfuerzo.

Pero por otro lado, estaba el designio. Al mirar la inmensidad de la cordillera, Julián recordó que para los antiguos, la montaña no se "conquista", se pide permiso para entrar en ella. ¿Era ese dolor una simple lesión mecánica o una señal del Apu? Sintió que el talón era un ancla física que lo obligaba a detener la marcha de su ego. "Quizás la montaña no me quiere hoy allá arriba", pensó. "Quizás el sacrificio que el Plomo me pide no es el de mis pulmones, sino el de mi orgullo".
Se quedó en silencio, escuchando el crujir del hielo a lo lejos. Entendió que subir con el cuerpo roto era un acto de soberbia, una falta de respeto hacia la magnitud de los Andes. La montaña seguiría ahí, eterna y paciente, esperando a que su cuerpo estuviera en armonía con su deseo.

Esa noche, nuestro caminante no preparó su mochila para el ataque a cumbre. Se quedó mirando las estrellas sobre el cerro, aceptando con paz que volver a bajar era, en realidad, su ascenso más difícil. El Apu le había enseñado que la verdadera fortaleza no es siempre avanzar, sino saber cuándo inclinarse ante lo sagrado.

sábado, 14 de marzo de 2026

El Aqueronte

 El Aqueronte es un río mítico de la antigua Grecia, conocido como el "río del dolor" o de la "tristeza eterna", que marca el límite del inframundo y transporta las almas al reino de Hades. Caronte cruzaba a los difuntos en su barca a cambio de un óbolo. Existe físicamente en el Epiro, al noroeste de Grecia. 

Historia y Mitología

Detalles claves sobre el Aqueronte:
• Mitología: En la Titanomaquia, los Titanes bebieron de sus aguas, por lo que Zeus lo maldijo y lo volvió amargo. Es uno de los cinco ríos del inframundo, junto al Estigia, Cocito, Flegetonte y Lete.

• El barquero Caronte: Las almas pagaban a Caronte con una moneda colocada en la boca para cruzar. Si no podían pagar, vagaban 100 años por sus orillas.

• Geografía real: Nace en las montañas Souli y desemboca en el Mar Jónico cerca de Ammoudia. Actualmente es un destino turístico para rafting, kayak y senderism.

• Literatura: En la Divina Comedia de Dante, el Aqueronte rodea el vestíbulo del Infierno y es atravesado para llegar al Limbo.

• Significado: Su nombre proviene del griego (ajos), que significa sonido intenso, dolor o aflicción. 

• Geografía Mítica y Conexiones

• Afluentes del Dolor: El Aqueronte recibe las aguas del Cocito (río de los lamentos) y del Flegetonte (río de fuego).
• La Laguna Aquerusia: En algunas versiones, el río desemboca en un pantano o lago estancado conocido como la Laguna Aquerusia, donde las almas esperan su juicio.

viernes, 13 de marzo de 2026

El misterio de la Piedra Mágica

 Esta es una leyenda tejida con los ecos del viento en la Araucanía, donde el nombre Caterincura (que en la lengua de la tierra se traduce como "Piedra que Brilla" o "Piedra del Rayo") se convierte en el corazón de un linaje.

Cuentan los antiguos que, hace muchas lunas, antes de que los bosques fueran medidos con cercos, vivía un Lonko llamado Caterincura. No era un hombre de gran estatura, pero sus ojos tenían el reflejo del granito húmedo bajo el sol. Su comunidad lo respetaba no por su fuerza en el palín, sino por el secreto que colgaba de su cuello: una piedra pequeña, de un azul eléctrico y vetas blancas, que parecía vibrar cuando el peligro se acercaba.

Dice la historia que esa piedra no era de este mundo. Había caído del Wenu Mapu (la tierra de arriba) durante una tormenta que hizo temblar los volcanes. El joven Caterincura la encontró humeante en un cráter, y desde que su piel tocó el mineral, el espíritu del rayo le otorgó el don de la premonición.

Un invierno, el hambre azotó la zona. La nieve cubrió los piñones y los animales desaparecieron. Los otros jefes hablaban de cruzar la cordillera hacia el Puelmapu, un viaje suicida en medio del temporal. Caterincura, en silencio, se retiró a la orilla del río Cautín. Sostuvo su piedra mítica y cerró los ojos.

La piedra comenzó a entibiarse. En su mente, vio una imagen clara: un valle oculto tras el cerro Ñielol donde los arrayanes aún estaban verdes y el agua no se había congelado.

—"La piedra me ha mostrado el camino de la vida" —anunció al volver a la ruca.
Aunque muchos dudaron, el linaje de Caterincura lo siguió. Caminaron días bajo la cellisca, guiados por el destello azulino que emanaba del pecho del Lonko. Cuando llegaron, encontraron el valle tal como él lo vio: un refugio sagrado donde la primavera parecía haberse quedado a dormir.

Con el paso de los siglos, el nombre de Caterincura se fue desdibujando, transformándose en el susurro de la Piedra Mítica. Dicen que el Lonko no murió, sino que al final de sus días regresó al cráter donde halló su tesoro. Allí, se fundió con la roca, convirtiéndose en el espíritu protector de las piedras que hoy, si tienes suerte y el corazón puro, podrías encontrar brillando en el fondo de un arroyo cordillerano.

domingo, 8 de marzo de 2026

Viracocha y Quetzalcóatl

 Hace siglos, cuando el mundo aún se medía por los ciclos del sol y el maíz, dos promesas quedaron suspendidas en los extremos de un continente.

En el corazón de los Andes, el anciano Viracocha, de túnica blanca y ojos como el cielo profundo, se despidió de los Incas caminando sobre las espumas del océano Pacífico. "Volveré en tiempos de necesidad", susurró, antes de desaparecer en el horizonte donde el mar se une con el fuego del atardecer.

Al mismo tiempo, en las tierras altas de México, Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada, ardía de una tristeza luminosa. Tras enseñar a los Aztecas el arte del tiempo y las estrellas, partió en una balsa de serpientes hacia el Oriente, jurando que en un año Ce Ácatl (Uno Caña) regresaría para reclamar su trono.
El cuento cuenta que, una noche de eclipse total, cuando la sombra de la luna unió el norte con el sur, ambos viajeros se encontraron en el "Eje del Mundo", una dimensión de niebla y luz situada entre los dos mares. No eran extraños; eran reflejos.

—¿Tu pueblo aún espera? —preguntó Viracocha, cuya voz sonaba como piedras rodando en un arroyo.

—Esperan con sacrificios y cantos —respondió Quetzalcóatl, sus plumas de quetzal brillando con colores que el hombre aún no ha nombrado—. ¿Y los tuyos?

—Los míos miran a las cumbres, buscando mi rastro en la nieve.
Se dieron cuenta de que su promesa no era volver como hombres de carne, sino como un despertar. Decidieron que su regreso no sería en barcos ni con armaduras, sino en el momento en que un niño de los Andes y una niña de Anáhuac volvieran a leer las estrellas y a cuidar la tierra con el mismo amor con que ellos la crearon.

Al amanecer, ambos se fundieron en un solo rayo de luz que golpeó simultáneamente la cima de Machu Picchu y el Templo Mayor. No habían regresado al mundo; habían regresado a la sangre y al espíritu de su gente, cumpliendo la promesa de que, mientras alguien recordara sus nombres, ellos nunca se habrían ido.

Pasaron los siglos y las ciudades de piedra fueron cubiertas por selva o rodeadas de asfalto y rascacielos. Los hombres olvidaron cómo hablar con las estrellas, y el murmullo de los mares se perdió bajo el ruido de las máquinas.

Pero una tarde, el cielo de todo el continente se tiñó de un color turquesa y oro que la ciencia no pudo explicar.
En la cima del Huayna Picchu, un guía de turismo sintió que el suelo vibraba con un latido antiguo. Al mirar hacia el horizonte, vio a un hombre alto, con una túnica que parecía tejida con la espuma del mar.

 Era Viracocha, que no traía rayos en las manos, sino semillas de plantas que se creían extintas.

Al mismo tiempo, en la plaza central de Ciudad de México, el viento comenzó a soplar con un aroma a flores frescas y copal. Una sombra serpentina descendió desde el Templo Mayor, transformándose en un guerrero de ojos luminosos y manto de plumas verdes. Quetzalcóatl había vuelto, pero no buscaba sacrificios; buscaba los libros y los códices perdidos en el tiempo.

Ambos se reconocieron a la distancia, unidos por un hilo invisible de energía que atravesaba las selvas del Darién. Se dieron cuenta de que su pueblo no los necesitaba para ganar guerras de acero, sino para sanar la tierra.

—"El tiempo del olvido ha terminado", sentenció Viracocha, tocando una piedra seca que al instante comenzó a brotar agua cristalina.

—"La palabra vuelve a tener alas", respondió Quetzalcóatl, mientras los niños de la plaza comenzaban a recordar canciones en lenguas que nunca habían estudiado.

Su regreso no fue una conquista, sino una siembra. No reclamaron tronos, sino que se sentaron en los parques y en las plazas a enseñar de nuevo que el ser humano es el puente entre el cielo y la tierra. 
La promesa se cumplió no cuando ellos llegaron, sino cuando la gente, al mirarlos, recordó finalmente quiénes eran realmente.

sábado, 7 de marzo de 2026

El cuerpo como texto: una aproximación desde la cotidianidad

 Transitar la rutina diaria nos conduce, inevitablemente, al encuentro con el otro. En las grandes urbes, este es un hecho ineludible: calles, plazas, metros y oficinas se convierten en escenarios de interacción visual constante. Es en este espacio público donde surge nuestra premisa: el cuerpo como objeto de atención y estudio.

El cuerpo funciona como un texto; una suerte de pergamino o pantalla donde se plasma un mensaje. Esta narrativa no se limita a la palabra escrita, sino que se extiende a la iconografía del tatuaje. Lo que antaño fue un código exclusivo de marineros, reclusos o pandillas en Occidente —sin olvidar su raíz identitaria en culturas ancestrales como la maorí o la azteca— ha mutado profundamente.
La transición de la modernidad a la posmodernidad ha convertido al cuerpo en el soporte de un mensaje que, ante su actual diversidad, encierra un nuevo misterio. Rosas, calaveras, versos, inscripciones en mandarín o simbología celta conviven en la piel contemporánea. ¿Quiénes habitan hoy tras esta diversidad que rompe los antiguos esquemas tribales? ¿Qué motiva la elección de un lienzo específico, ya sea el cuello, la pelvis o el rostro?

Lo que se comunica es polifónico: desde el afecto filial hasta devociones místicas no siempre reveladas. No es un mensaje que se pueda omitir; por el contrario, se manifiesta, se instala y se desplaza con el individuo. Es un discurso que se encarna literalmente en la piel, buscando trascender lo efímero en pos de una permanencia que solo la vida, en su finitud, puede interrumpir.

Este acto de "mostrar" no busca demostrar una verdad, sino expresar un sentido a través de la forma. Y aunque a veces el romance termina y el testimonio caduca, el mensaje rara vez se borra; suele transmutar. Así, entre zonas públicas y recónditas, el ser humano persiste en su sello particular de escribir su propia historia sobre su propia carne.

La Casa de la Sabiduría Olvidada

 Durante muchos años creí que la agonía de las mañanas provenía del cansancio. El cuerpo, pensé, recuerda lo que el alma ha olvidado. No sospechaba entonces que el verdadero origen de aquella inquietud era otro: una historia incompleta que insistía en repetirse dentro de mí.

Las mañanas llegaban como fragmentos de un sueño que alguien más había comenzado a soñar. Había en ellas una claridad extraña, como si el mundo estuviera levemente desajustado de sí mismo. Las noches, por el contrario, eran diáfanas y serenas; en ellas parecía revelarse una verdad que la luz del día se empeñaba en ocultar.
Durante años creí vivir una vida ordinaria. Caminaba por las calles, hablaba con conocidos, cumplía con las rutinas que el tiempo impone a los hombres. Sin embargo, había en mí una sospecha persistente: la sensación de que cada acto era una repetición de algo ya ocurrido.
Tal vez todos los hombres experimentan esa intuición alguna vez.
Fue entonces cuando decidí emprender un viaje cuyo destino desconocía. No lo llamé peregrinación ni búsqueda. Preferí pensar que se trataba de una forma de conversación con mi propio pasado.
Los antiguos habrían llamado a ese camino un viaje expiatorio. En él se mezclaban creyentes y paganos, hombres que buscaban absolución y hombres que buscaban simplemente comprender. Yo no sabía a cuál de esos grupos pertenecía.
El camino era largo y silencioso.
A medida que avanzaba, advertí que el paisaje comenzaba a transformarse de una manera curiosa. No era que las montañas o los árboles cambiaran de forma; lo que cambiaba era mi manera de recordarlos. Un valle que atravesé al tercer día me resultó inexplicablemente familiar, como si ya lo hubiera cruzado en otra vida o en otro sueño.
No descarté la posibilidad de que ambos fueran lo mismo.
Al quinto día encontré a un hombre sentado junto al camino. Vestía una armadura antigua y sostenía una espada cuya hoja reflejaba el cielo.
No levantó la mirada cuando me acerqué.
—He estado esperándote —dijo.
Su voz no me resultó desconocida.
Le pregunté quién era.
—Fui tú —respondió—. O tal vez soy aquello que aún crees ser.
Observé su rostro con detenimiento. Había en él una firmeza que recordaba vagamente. Comprendí entonces que aquel hombre representaba una versión de mí mismo: el guerrero que alguna vez defendió ideas con la certeza absoluta de quien ignora la duda.
—¿Debo enfrentarte? —pregunté.
El hombre negó con una sonrisa leve.
—No. Los combates que importan no se libran con espadas.
Luego añadió algo que todavía hoy me inquieta:
—El verdadero adversario te espera más adelante.
Cuando levanté la vista, el hombre ya no estaba.
Continué mi camino con la sospecha de que el encuentro no había ocurrido en el mundo exterior sino en algún recodo de mi memoria.
Al séptimo día llegué a un valle cubierto de niebla. Allí me aguardaba la segunda revelación.
No era un hombre.
Era una sombra.
No tenía rostro, pero sus gestos me resultaban dolorosamente familiares. Caminaba con mi misma torpeza, respiraba con mi mismo cansancio.
Comprendí entonces que aquella sombra era la suma de todas las decisiones que preferí no recordar: las palabras no dichas, los actos de cobardía, las pequeñas mentiras que el tiempo había suavizado.
—He venido a buscarte —dijo la sombra.
—¿Para juzgarme? —pregunté.
—No —respondió—. Para recordarte.
Durante un largo momento permanecimos en silencio. Comprendí que aquel encuentro era inevitable. Ningún hombre puede huir indefinidamente de aquello que ha sido.
Finalmente la sombra pronunció una frase que aún repito en mis pensamientos:
—El pasado no es lo que ocurrió. Es lo que seguimos siendo.
Cuando la niebla se disipó, la sombra desapareció.
Proseguí mi camino hasta llegar a una colina solitaria. En su cima se alzaba una casa de piedra tan antigua que parecía anterior al recuerdo mismo.
La puerta estaba abierta.
Dentro no encontré muebles ni objetos sagrados. Solo un pequeño espejo colocado en el centro de la habitación.
Durante un instante dudé en acercarme.
No temía ver mi rostro. Temía descubrir que aquel viaje entero había sido únicamente un rodeo para regresar al punto de partida.
Finalmente miré el espejo.
Lo que vi fue a un hombre que contenía muchas versiones de sí mismo: el guerrero, la sombra, el caminante. Ninguna de ellas era falsa; todas eran incompletas.
Entonces comprendí algo que quizá ya sabía desde el principio.
La sabiduría olvidada no estaba escondida en esa casa ni en las montañas que había cruzado. Estaba en la simple aceptación de que cada hombre es, al mismo tiempo, su pasado y su interrogación.
Salí de la casa cuando el sol comenzaba a ponerse.
Mientras descendía por la colina advertí un pensamiento curioso: tal vez ese viaje ya lo había realizado antes, y tal vez volvería a realizarlo innumerables veces.
No me inquietó esa posibilidad.
Porque comprendí que algunas historias no buscan terminar.
Solo buscan ser comprendidas.

Caminos olvidados

 Eras tu la agonía

De mañanas y de días
Que saltaban entre sueños (todavía)
Noches claras
Días tristes
Melancólicos sin fin
Como el viaje expiatorio
De creyentes y paganos
Dando golpes al pasado
De mentiras y pecados
Como historia retorcida
Desde confines olvidados
Surge la llaga que interroga
Por conductas realizadas
Si fuiste un guerrero
En un día certero
Te enfrentará el compasivo
Más, el perturbador destino
Si indulgente fuiste
Tu sombra igual te confrontará
Con amaños de antaño
Invitando a ser valiente
No cobarde, ni silente
Paradojas olvidadas
Que recuerdan la morada
Donde yace la olvidada sabiduría 

viernes, 6 de marzo de 2026

Adagio

 Y sucederá lo que sucederá, cuando sea el momento.

Y sobre aquello, habrá que dilucidar y actuar..

jueves, 5 de marzo de 2026

Kaly Yuga

 El Kali Yuga es la cuarta y última de las eras (o yugas) dentro de un ciclo de tiempo hindú, caracterizada por ser la etapa de mayor oscuridad espiritual, ignorancia y decadencia moral.


• Significado: Se conoce como la "Era de Hierro" o la "Era de la Discordia". Su nombre proviene del demonio Kali (no confundir con la diosa Kālī), quien personifica el caos, la codicia y el materialismo.

• Cronología: Según la tradición, comenzó en el año 3102 a.C., tras la partida física del Señor Krishna de la Tierra.

• Duración: Los textos clásicos como el Mahabharata estiman que dura 432,000 años, de los cuales solo han transcurrido poco más de 5,000.

• Características principales:

• Pérdida del Dharma: La rectitud y la virtud están en su nivel más bajo.

• Debilidad humana: La esperanza de vida se reduce drásticamente (hasta un máximo de 100 años) y la memoria, la inteligencia y la fuerza física de las personas disminuyen.

• Materialismo: La riqueza se convierte en el único indicador de estatus social y la hipocresía se acepta como virtud.

• Final de la era: Se profetiza que terminará con la aparición de Kalki, el décimo avatar de Vishnu, quien vendrá a limpiar la Tierra de la maldad y restaurar el orden, dando inicio a un nuevo Satya Yuga (la Era de Oro).

Las profecías sobre las señales del Kali Yuga (especialmente su etapa final) se encuentran en textos como el Vishnu Purana, el Srimad Bhagavatam y el Mahabharata. Estas señales describen una degradación total de la naturaleza, la sociedad y la espiritualidad. 
Aquí tienes las señales más destacadas divididas por categorías:

1. Degradación Social y Moral
• Liderazgo corrupto: Los gobernantes no serán protectores, sino "ladrones" que impondrán impuestos excesivos y actuarán por puro interés personal.

• Pérdida de valores familiares: Los hijos abandonarán a sus padres ancianos y los lazos familiares se limitarán únicamente al vínculo matrimonial.

• Religión superficial: La espiritualidad se convertirá en un espectáculo; las personas se adornarán con marcas de santos (como túnicas o cuentas) solo para ganar estatus, pero carecerán de devoción real. 

2. Cambios Físicos y Biológicos
• Reducción de la estatura y vida: Los seres humanos serán mucho más pequeños físicamente y su esperanza de vida máxima se reducirá drásticamente, llegando incluso a los 50 años o menos.

• Madurez prematura: Se profetiza que las niñas podrán concebir a edades muy tempranas (5 a 8 años) debido a la aceleración de los ciclos biológicos degradados.

• Dependencia médica: La gente sufrirá de enfermedades constantes y dependerá totalmente de medicamentos para sobrevivir. 

3. Colapso Ambiental y Agrícola
• Clima extremo: El mundo sufrirá sequías prolongadas, calores intensos, nevadas fuera de temporada y vientos violentos que atormentarán a la población.

• Naturaleza estéril: Las vacas se volverán tan pequeñas como cabras y dejarán de dar leche. Los árboles dejarán de producir frutos y las flores ya no tendrán aroma.

• Hambruna: Ante la falta de cultivos, las personas se verán obligadas a comer raíces, hojas, miel silvestre y carne para subsistir. 

4. Señales Finales y Metafísicas
• El olvido de los Vedas: El conocimiento espiritual auténtico desaparecerá por completo y la "religión" será mayoritariamente atea.

• Aparición de Kalki: Cuando la oscuridad sea total y ya no quede rastro de virtud, aparecerá el avatar Kalki montado en su caballo blanco para destruir a los malvados e iniciar el nuevo Satya Yuga

martes, 3 de marzo de 2026

ZEN : Vida y Muerte

 LA VIDA ES LA MUERTE

Como un sueño, un fantasma o una flor de vacuidad… Así es nuestra vida. ¿Por qué deberíamos sufrir para mantener esa ilusión? La muerte igualmente es un sueño… La vida es un sueño… La vida y la muerte se asemejan. La vida y la muerte, el punto del tiempo… El punto es solo un punto, no continúa, pero contemplado con una mirada objetiva, se hace línea.


En verdad, sin embargo, no hay trazo alguno. La vida es un solo punto. La muerte es un solo punto. El tiempo no debe servirnos a nosotros… Nosotros es que debemos servirnos del tiempo. Vivir es parecido a la corriente de agua viva del río… La corriente se detiene y nos vemos en presencia de la muerte.


Practicar zazen es observar la muerte durante la vida. Solo quienes resuelven el problema de la muerte, su propia muerte, encuentran en la vida la verdadera felicidad. Por medio de zazen, entramos vivos en el ataúd y así encontramos, natural, automática e inconscientemente, una solución para el problema de la muerte. No hay necesidad de temer a la muerte. Morir es el seguimiento natural de la vida.


La vida es un fenómeno, un hongo en la tierra. Nacemos eternamente. Lo que llamamos vida y muerte no existe; no están separadas. En la muerte, la actividad desaparece, pero el cuerpo, al mismo tiempo que se transforma, retorna al cosmos. E incluso cuando los incineramos o los arrojamos al mar, cien o seiscientos años después, los elementos constitutivos del cuerpo aún subsisten. Si imaginamos que el cuerpo se transformará en un puñado de polvo, no debemos lamentar el cuerpo y la vida.


No temáis la vida ni la muerte. El fenómeno de nuestro cuerpo no es más que una de nuestras lágrimas. Los muertos no pueden progresar ni retroceder. Nosotros vivimos, entonces tenemos que experimentar la muerte. Pero aunque vivamos, debemos volvernos como muertos y necesitamos experimentar el Despertar. Los muertos no necesitan despertar.


Maestro Taisen Deshimaru 

(弟子丸 泰仙, Deshimaru Taisen ; 29 de novembro de 1914 - 30 de abril de 1982)

domingo, 1 de marzo de 2026

Breve análisis del Conflicto en Medio Oriente

 El conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán ha entrado en una fase de guerra abierta sin precedentes tras el lanzamiento de la "Operación Furia Épica" el 28 de febrero de 2026.

El Evento Crítico (Febrero-Marzo 2026)

• Ataque Conjunto: Estados Unidos e Israel lanzaron una ofensiva masiva contra Irán el 28 de febrero de 2026, bombardeando instalaciones militares, nucleares y gubernamentales.

• Muerte de Alí Jamenei: Durante estos ataques, se confirmó la muerte del Líder Supremo de Irán, el Ayatolá Alí Jamenei.

• Campaña Militar: El presidente de EE. UU., Donald Trump, declaró que se trata de una "campaña masiva" para forzar un cambio de régimen y detener definitivamente el programa nuclear iraní. 

2. Causas del Conflicto

• Programa Nuclear: Israel y EE. UU. sostienen que Irán busca desarrollar armas atómicas, algo que consideran una amenaza existencial para la región.

• Guerra de "Proxies": Israel acusa a Irán de financiar y dirigir a grupos como Hamás en Gaza y Hezbolá en Líbano, quienes atacan territorio israelí.
• Escalada Reciente: La tensión aumentó tras un ataque previo a instalaciones nucleares en junio de 2025 y las protestas internas en Irán de enero de 2026, que Washington interpretó como una oportunidad para debilitar al régimen. 

3. Respuesta de Irán y Consecuencias Regionales

• Represalias: Irán ha respondido con oleadas de misiles balísticos y drones hacia Israel y bases estadounidenses en Bahrein, Kuwait y Qatar.

• Estrecho de Ormuz: Se han reportado ataques a petroleros y bloqueos parciales en esta ruta vital, lo que ha provocado un salto inmediato en los precios mundiales del petróleo.

• Bajas Civiles: Los ataques en Irán han dejado más de 200 muertos y cientos de heridos, según informes de la Media Luna Roja. 

4. Estado Actual

A fecha de hoy, 1 de marzo de 2026, Israel continúa lanzando ataques sobre Teherán mientras Estados Unidos desplaza más tropas a la región. La comunidad internacional observa con alarma ante el riesgo de que el conflicto escale a una guerra regional total que involucre a otros actores del Golfo. 

El impacto económico del conflicto iniciado el 28 de febrero de 2026 ha sido inmediato y profundo, afectando principalmente a los mercados energéticos y financieros globales.

Impacto Económico Inmediato

• Petróleo en alza: El precio del crudo Brent ha subido entre un 10% y 13% en las primeras horas de mercado tras los ataques. Analistas de Goldman Sachs y Barclays prevén que el barril podría superar los 100 o incluso 108 dólares si la escalada continúa.

• Bloqueo en el Estrecho de Ormuz: Esta vía, por donde transita el 20% del petróleo y gas mundial, se encuentra bajo amenaza de cierre. Ya se reportan petroleros que evitan la zona por seguridad, lo que encarece los fletes y seguros marítimos.

• Mercados Financieros: Se ha observado una caída en los futuros de Wall Street y en índices asiáticos como el Nikkei. Los inversores están refugiándose en el oro (que subió un 1.4%) y en el dólar estadounidense.

• Inflación Global: El aumento en los combustibles podría generar un nuevo impulso inflacionario, encareciendo el transporte y los alimentos a nivel mundial. 

Tiempo Estimado de Duración

La duración es incierta, pero los expertos plantean dos escenarios principales:

• Operación de Precisión (Corto Plazo): Funcionarios de defensa indicaron que la operación durará el "tiempo necesario" para neutralizar la amenaza nuclear, lo que podría implicar una campaña intensa de pocas semanas si no hay una invasión terrestre.

• Conflicto Prolongado (Medio/Largo Plazo): Investigadores en Oriente Medio advierten que el ataque "no va a parar a corto o medio plazo" debido a la complejidad de un cambio de régimen en Irán y las posibles represalias asimétricas en la región. Cabe recordar que el enfrentamiento directo previo en junio de 2025 duró solo 12 días, pero la escala actual es pero la escala actual es significativamente mayor.