En los últimos días de marzo de 2026, Chile ha experimentado una reactivación de las movilizaciones sociales tras la reciente asunción de José Antonio Kast a la presidencia. Las protestas se concentran principalmente en Santiago y Concepción, marcando un cambio de tendencia respecto a la relativa calma que caracterizó gran parte del gobierno de Gabriel Boric.
¿Por qué marchan ahora?Las manifestaciones actuales dicen responder a una serie de medidas económicas y políticas implementadas o anunciadas por la nueva administración:
• Alza de combustibles y costo de vida: El anuncio de un aumento histórico en el precio de las bencinas detonó cacerolazos masivos en diversas comunas y bloqueos en el Metro de Santiago.
• Recortes en Educación: Organizaciones estudiantiles como la Confech y la ACES convocaron a marchas contra el recorte del 3% al presupuesto de educación y la limitación de la gratuidad hasta los 30 años.
• Políticas Medioambientales: Se han registrado protestas por el retiro de 43 decretos ambientales que estaban en Contraloría para su revisión por parte del nuevo gobierno.
• Derechos Sociales: Existe un rechazo generalizado a lo que los manifestantes denominan un "retroceso" en derechos sociales, salud y vivienda.
¿Por qué no marchaban así durante el gobierno de Boric?
El análisis del fenómeno indica que durante el mandato de Boric hubo una disminución en la intensidad y frecuencia de las protestas masivas debido a varios factores:
• Afinidad y Diálogo: Muchas de las organizaciones que históricamente lideran las protestas (como sectores estudiantiles y sindicatos) tenían una mayor cercanía ideológica con la administración de Boric, lo que facilitó canales de diálogo antes de llegar a la calle.
• Canalización Institucional: Las demandas sociales intentaron resolverse a través de procesos institucionales, como los dos procesos constituyentes, lo que movió el conflicto de la calle a las urnas y mesas de negociación.
• Prioridades de Seguridad: Durante los últimos años del gobierno de Boric, la preocupación ciudadana se desplazó fuertemente hacia la seguridad y la crisis migratoria, lo que redujo el apoyo masivo a las manifestaciones callejeras que suelen terminar en disturbios.
El movimiento social y organizaciones de estudiantes. Son realmente autónomos
Es un debate central en la política chilena y existen dos lecturas principales que no son excluyentes:
1. La tesis de la "Cooptación e Institucionalización"
Esta postura sugiere que el movimiento social no desapareció, sino que se mudó al Estado.
• Cuadros dirigentes: Muchos líderes de las protestas de 2011 y 2019 pasaron a ser ministros, subsecretarios o diputados (incluyendo al propio Boric). Esto generó una "domesticación" de las demandas: las organizaciones sociales bajaron la presión callejera esperando que sus antiguos compañeros resolvieran los problemas desde el poder.
• Desgaste del "Estallido": Tras la violencia de 2019 y el fracaso de la primera propuesta constitucional, hubo un agotamiento social. La izquierda gobernante administró ese cansancio, transformando la movilización en procesos electorales.
2. La tesis de la "Instrumentalización Política"
Esta visión, sostenida frecuentemente por la derecha, plantea que el movimiento es funcional a la izquierda como herramienta de desestabilización.
• Doble estándar: Se critica que las mismas razones que hoy movilizan a la gente (alza de combustibles, crisis en educación) ocurrieron bajo Boric sin generar protestas masivas. Esto sugeriría que la calle se usa para presionar solo cuando gobierna un signo contrario.
• Control territorial: Sectores de izquierda mantienen vínculos orgánicos con sindicatos y federaciones estudiantiles. Al perder el gobierno, "activan" estas bases como mecanismo de oposición extraparlamentaria para frenar la agenda del nuevo ejecutivo.
En resumen
Es posible pensar en ambas: el movimiento fue cooptado por el gobierno de Boric (perdiendo autonomía) y, al mismo tiempo, su reactivación inmediata bajo un gobierno de derecha refuerza la percepción de su funcionalidad política. La calle en Chile funciona hoy como un "veto" desde grupos afines a la Izquierda y otros afines, que parece activarse con mucha más fuerza ante agendas de corte conservador.