Rutarealidad
Este es un espacio de expresión y creación en libertad.
martes, 30 de junio de 2026
lunes, 29 de junio de 2026
El Loco: Canto V
Y entonces, pude ver un extenso camino
Era una ruta que me alejaba de lo conocido.El cielo destellaba, mis recuerdos eran apenas un instante y más bien parecía todo converger.
Un momento de integración
Donde el ayer, el hoy y mañana se unían
Esa sensación me inundaba por completo
Lo ajeno era conocido
Lo olvidado brotaba nuevamente
Mis pasos en la arena, se dibujaban en una estela
Mientras el pasto se mecía
No me extrañó entonces, quedarme absorto y contemplativo
Pues esa huella marcaba un antes y después
Un quiebre entre lo vista hasta ahora
Que me llevaba a reflexionar sobre cada creencia que había conocido
No hubo prisa entonces
Pues mi viaje no era de urgencia
Sino de aprendizaje
Y para aprender, la celeridad no es siempre buena consejera
Así lo había pensado en mi infancia
Pues cavilaba profundamente cada etapa
Aún a riesgo de quedarme sólo, o parecer más lento que los demás
Mi tiempo era simplemente mío
Y mi viaje interior así lo demandaba
Mi capacidad de observación e introspección, crecieron
El tiempo entonces fue relativo
Y aquellos que me aventajaron, fueron siendo alcanzados.
Mi curso siguió siempre su viaje
Pues mi camino resonaba como el eco
En una invitación para la travesía
De tal forma, que mi presencia en aquél lugar, era parte de ese propósito
Me quedé observando,nuevamente
Sin saber a ciencia cierta, cuanto más estaría allí.
sábado, 27 de junio de 2026
El Loco: Cuarto Canto
Abrí los brazos y los agité, como lo hacen las aves.
Todo eso, mientras apreciaba el horizonte entre el océano y la extensa pradera que me albergaba.El sol nacía y quemaba de forma suave
La mirada de ese instante era plena
Los desvaríos reiterados como un bucle sin salida, ahora abrían paso a la serenidad.
¿Era acaso esto, lo que había buscado?
Sino lo era,se parecía mucho, y era agradable.
Agradable no ser consumido por el temor
Agradable no ser devorado por la ira
Era la paz interna, que brotaba
Mientras el largo camino serpenteante, invitaba a reanudar la marcha
Sabía de los desafíos
Conocía bien la cara ácida de la vida
Sin embargo, ahora había una forma de coexistencia, conmigo mismo
Saber defenderse está bien
Pero eso no niega, la colaboración y ayuda
El amor y los acuerdos
Los fantasmas se desvanecían
Al contrario, la energía de ellos se transformaba en protección
Una mano tendida
Un susurro de consejos
La soledad quedaba atrás
No había sino integridad
Donde yo también tenía un lugar
Así retome mi viaje
Esta vez, la ciudad me parecía más cerca que nunca....
viernes, 26 de junio de 2026
El Loco: Tercer Canto
Seguí avanzando.
Sin mirar atrás. Y mientras el sol nacía sobre la marisma y el mundo recuperaba sus nombres, algo en mí quedó atrás junto al fuego.
No sé si fue el delirio.No sé si fue la pena.
O si fue, finalmente, el loco. Pero el que caminaba ahora era otro.
Más liviano, más desnudo, como quien ha dejado la piel en la orilla de un río que ya no volverá a cruzar. El camino no hablaba.
Solo respiraba.
Y yo aprendí a respirar con él. A veces una piedra se clavaba en mi pie y, en lugar de maldecir, sonreía.
Porque el dolor también era una voz antigua que por fin me reconocía.
A veces el viento me traía fragmentos de canciones que creí olvidadas:
voces de mujeres que amé,
risas de niños que nunca fueron míos,
el llanto de un perro al que abandoné una noche de invierno. Todos ellos caminaban ahora dentro de mi pecho,
no como fantasmas,
sino como compañeros silenciosos. Una tarde, al borde de un acantilado, me detuve.
Abajo, el mar golpeaba las rocas con furia de amante despechado.
Allí, frente al abismo, hablé por primera vez en voz alta desde que salí del fuego: —“Ya no te busco.
Ya no huyo de ti.
Si eres locura, que seas bienvenida.
Si eres cordura, que seas bienvenida.
Si no eres nada… también seas bienvenida.” El viento se llevó mis palabras.
Si eres locura, que seas bienvenida.
Si eres cordura, que seas bienvenida.
Si no eres nada… también seas bienvenida.” El viento se llevó mis palabras.
El mar no contestó.
Y sin embargo, algo dentro de mí se acomodó,
como quien por fin encuentra la postura exacta para dormir en la tierra dura.
Desde entonces viajo sin nombre.
A veces me llaman loco todavía.
Otras veces me llaman sabio.
Yo respondo a ambos con la misma sonrisa tranquila,
porque sé que ninguno de los dos nombres me pertenece. Ahora duermo donde me sorprende la noche.
Ya no junto al fuego.
Ahora el fuego duerme dentro de mí,
pequeño, constante, sin humo. Y cuando sueño,
ya no veo rostros que me juzgan.
Veo caminos.
Miles de caminos.
Todos abiertos.
Todos míos. Y camino. Porque al final comprendí
que el loco no se cura.
El loco se transforma.
En aquel que ya no necesita curación. Y así sigo,
hijo del fuego y de la niebla,
hermano del viento y de la piedra,
amante de todo lo que no tiene fin.
A veces me llaman loco todavía.
Otras veces me llaman sabio.
Yo respondo a ambos con la misma sonrisa tranquila,
porque sé que ninguno de los dos nombres me pertenece. Ahora duermo donde me sorprende la noche.
Ya no junto al fuego.
Ahora el fuego duerme dentro de mí,
pequeño, constante, sin humo. Y cuando sueño,
ya no veo rostros que me juzgan.
Veo caminos.
Miles de caminos.
Todos abiertos.
Todos míos. Y camino. Porque al final comprendí
que el loco no se cura.
El loco se transforma.
En aquel que ya no necesita curación. Y así sigo,
hijo del fuego y de la niebla,
hermano del viento y de la piedra,
amante de todo lo que no tiene fin.
El Loco: Segundo Canto
Dormí junto al fuego, más no descansé.
Pues el sueño del loco no conoce reposo, sino formas nuevas del viaje.Y mientras la llama menguaba y el viento mudaba de dirección, vi desfilar ante mí los rostros antiguos; aquellos que alguna vez llamé hermanos, enemigos y maestros.
Ninguno habló.
Solo contemplaban.
Como si aguardaran de mí una palabra que nunca pronuncié.
Entonces comprendí que el olvido no es ausencia, sino permanencia silenciosa.
Y que aquello de lo que huí tantos años, no perseguía mis pasos: habitaba mi sombra.
Desperté antes del alba.
La roca seguía inmóvil, el mar seguía cantando su lengua incomprensible y las brasas, como estrellas caídas, anunciaban el fin de la noche.
Tomé mis armas.
No por guerra.
No por gloria.
Las tomé para recordar quién fui.
Descendí por la pendiente mientras el horizonte abría lentamente sus párpados.
Y allí, entre la niebla y la distancia, apareció.
No era la ciudad.
Ni la Finis Terrae.
Era un camino.
Tan antiguo como los otros y, sin embargo, distinto.
No prometía respuestas.
No ofrecía descanso.
Solo permanecía abierto.
No ofrecía descanso.
Solo permanecía abierto.
Comprendí entonces el secreto que aquella voz nocturna había susurrado:
Que no existe tierra prometida para el que busca sentido.
Que el sentido no espera al final del sendero.
Camina.
Y por primera vez en muchos años, sentí miedo.
No el miedo del hambre ni del abandono.
No el miedo de la muerte.
Sino el temor del hombre que comienza a despertar de sí mismo.
Seguí avanzando.
Sin mirar atrás.
Y mientras el sol nacía sobre la marisma y el mundo recuperaba sus nombres, algo en mí quedó atrás junto al fuego.
No sé si fue el delirio.
No sé si fue la pena.
O si fue, finalmente, el loco.
El Loco
Después de un largo recorrido entre añosos caminos de olvido, he llegado a esta roca, desde donde intento retomar el sentido.
Años de vagabundeo entre bestias y mendigos, muchos me trataron como tal.
Más mi sino, era el desvarío, una perdida de rumbo interior. No la simple pereza, malicia o lujuria.
No obstante, a los ojos del mundano vasallo y siervo, todo es simple e igual.
De tal forma, me percaté de la condición humana; impulsiva, distante y calibradora en el juicio. Aunque igualmente, valiente, fiel y compasiva.
Más mi locura, era profunda, bullía de contradicciones, recuerdos borrosos y un impulso por buscar la Finis Terrae..
Así, me enlisté y fui caminante, marino en mares distantes y solitario eremita en el desierto. Siempre bajo el hechizo del delirio, que buscaba la lejana tierra anhelada..
En medio de aullidos, gritos, euforia y llantos, mi conciencia labró rutas, algunas reales, otras, delineadas por mi fantasía.
Viví la soledad y la compañía, los susurros del viento fueron voces y la llovizna matinal como lágrimas del cielo.
Cantos de aves como presagios y augurios de sombras..
Me escabullí con éxito, ante la derrota, la muerte y finalmente ante la desazón. Pues fue la locura mi barrera, cerco y escudo.
Más siempre la razón llama, entre mandatos misteriosos y escenas de sentido. Así llegué a esta roca milenaria, desde donde atisbo tanto el mar como la tierra.
He oído el misterio, la suave voz, y la palabra divina secreta, que cuál epifanía me ha dado el camino de compañía.
En esta noche fría, donde las olas taladran la piedra, mientras la marisma embota la vista, guardo mis armas detrás del fuego.
Mañana será otro día, mañana despertaré, mañana la ciudad estará más cerca, pues cada paso me acerca a ella.
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