miércoles, 15 de julio de 2026

Santiago se prepara para el fin del mundo (otra vez): Una lluvia de antes versus el pánico de ahora

 El meteorólogo de la televisión ha puesto su peor cara de drama, el mapa de Chile está pintado de un rojo apocalíptico y los titulares advierten sobre un "frente frontal de proporciones bíblicas" que amenaza con borrar del mapa a la zona central. Si uno se deja llevar por las noticias de hoy, la llegada de un par de días de lluvia ya no es un fenómeno climático: es el inicio del fin de los tiempos.

 Se activan alarmas presidenciales, los matinales transmiten en vivo desde un paso nivel inundado como si fuera el Titanic, y la gente corre al supermercado a stockearse de papel higiénico y fideos como si el agua potable fuera a desaparecer para siempre.

Qué rápido olvidamos.

Si viajamos un par de décadas hacia atrás, a la época de nuestros padres o abuelos, una tormenta no era una catástrofe nacional; era, extrañamente, un panorama. En esos años, cuando el cielo se caía a pedazos, la infraestructura del país aguantaba con lo que tenía y la actitud ciudadana era completamente distinta. 

¿Alguien recuerda haber entrado en pánico colectivo por tres gotitas? Al contrario. La lluvia era la excusa perfecta para activar el protocolo más feliz de la infancia chilena: el nacimiento masivo de las sopaipillas pasadas. El corte de luz no se sufría con crisis de ansiedad por la falta de Wi-Fi; se celebraba sacando los naipes, encendiendo velas y contando historias de terror al lado de la estufa a parafina.

Los niños de antes no veían las inundaciones de la calle como un peligro de salud pública, sino como una extensión del parque de diversiones. Salir con botas de goma amarillas a reventar el charco más profundo de la cuadra era el verdadero deporte extremo de la época. Si el agua se metía un poco al patio, se armaban diques con sacos de arena en una gesta comunitaria que unía a los vecinos, en lugar de generar hilos de quejas enfurecidas en redes sociales.

 Había una resistencia de concreto, un sentido del humor a prueba de goteras y una capacidad de asimilar el invierno con una sonrisa (y los pies metidos en bolsas de plástico dentro de los zapatos si era necesario).

Hoy, nos hemos vuelto de cristal ante el agua. Un pronóstico de 20 milímetros basta para que la ciudad colapse, el teletrabajo se vuelva obligatorio y miremos al cielo con el terror de quien espera la caída de un meteorito. Quizás sea hora de apagar un rato la televisión texturada de alarmismo, mirar por la ventana sin miedo y recordar que, después de todo, solo es agua cayendo del cielo. 

Desempolvemos las cartas, busquemos la receta de la masa y esperemos el temporal como lo hacían los viejos: con el estómago listo para las sopaipillas y el ánimo dispuesto a capear la tormenta.








sábado, 11 de julio de 2026

El laberinto del dogmatismo: Oposicionismo, fractura y el costo del diálogo en la Megarreforma

 El escenario político chileno actual enfrenta una de sus pruebas más ácidas con la tramitación de la llamada Megarreforma del Gobierno. 

Lo que debió ser un espacio de deliberación democrática y técnica de cara a las urgencias de Reconstrucción Nacional ha terminado por desnudarse como un tablero de intransigencia extrema. En este ecosistema, sectores de la oposición legislativa parecen haber adoptado un antagonismo declarado y un "oposicionismo" ciego como única línea de identidad programática, cerrando de portazo las vías a un entendimiento sostenible en el tiempo.

Este atrincheramiento quedó expuesto con dramatismo durante las recientes negociaciones en la Comisión de Hacienda del Senado. Cuando la bancada de senadores del Partido por la Democracia (PPD) intentó tender puentes y forjar un acuerdo en materia de invariabilidad tributaria —buscando equilibrar la atracción de inversiones con la recaudación fiscal— la respuesta del resto del bloque opositor no fue el debate de ideas, sino la represalia corporativa.

La política del "Bullying" y la coacción interna

El intento de acuerdo de los parlamentarios del PPD gatilló una inmediata y virulenta ola de presiones y coacción política interna. Catalogados velozmente desde sectores del Frente Amplio, el Partido Comunista y la Democracia Cristiana como impulsores de un "pésimo acuerdo", los legisladores fueron blanco de lo que el propio Ejecutivo tildó abiertamente como un "bullying" coordinado para forzarlos a alinearse.

Esta asfixia estratégica operó en dos niveles:

• Aislamiento en el bloque: Se amenazó activamente con quebrar la unidad de la izquierda y centroizquierda, desautorizando su autonomía política mediante un desmarque masivo hacia el Tribunal Constitucional (TC).

• Presión orgánica y bases: Estructuras del propio partido —como la Mesa Regional Metropolitana y facciones de concejales— salieron a censurar públicamente a sus senadores, acusándolos de "debilitar la confianza interna" y actuar al margen de las directrices partidarias.

El desenlace de esta dinámica es sintomático: acorralados por la hostilidad de su sector y ante controvertidos ajustes de última hora en el impuesto corporativo por parte del Ministerio de Hacienda, los senadores del PPD optaron finalmente por retractarse y desahuciar el pacto. El oficialismo partidario, liderado por Raúl Soto, celebró este repliegue y reafirmó la postura de sumarse en bloque a impugnar el proyecto ante el TC.

El peligro de la trinchera

El fracaso de este acercamiento político deja una lección preocupante sobre la salud democrática del Congreso chileno. Cuando el disentimiento legítimo es castigado con la hoguera pública y la coacción interna, el incentivo para construir mayorías transversales desaparece.

La negación sistemática al diálogo no debilita al adversario en el poder; debilita directamente las soluciones que la ciudadanía demanda con urgencia.

 Mientras el antagonismo declarado siga primando sobre la vocación de acuerdos, Chile arriesga quedar atrapado en una parálisis legislativa crónica donde las reformas estructurales se defienden o rechazan desde el dogma, y nunca desde el bien común.

jueves, 2 de julio de 2026

Un viaje en metro

 Voy en el metro.

Como tantas otras veces, me dedico a observar. La mayoría cavila en silencio; otros se refugian en la pantalla de sus celulares. Cada pasajero parece habitar un mundo propio.

De pronto me detengo. Algo llama mi atención.
Veo a dos personas completamente absortas en la lectura. Una está muy lejos. La otra es una muchacha que sostiene un libro cuya portada me resulta imposible ignorar: un astronauta suspendido en el espacio, unido por un cordón a algo que no alcanzo a distinguir. Hay algo en esa imagen que despierta mi curiosidad.
Intento leer el título. Solo alcanzo a distinguir unas palabras: Proyecto Mary...
El libro queda rondando en mi cabeza.

Al llegar a casa, recurro a Google. Escribo lo poco que recuerdo y aparece el resultado: Proyecto Hail Mary.
Leo sobre su autor, la historia y las críticas. Todo parece confirmar la intuición que tuve en aquel vagón. El interés se transforma en decisión. Salgo a buscarlo, junto con otro libro que también había resuelto comprar.

Hoy he terminado de leerlo.

El final me deja pensando. Comienza envuelto en incertidumbre y concluye dejando abiertas más preguntas que respuestas. Es un relato de una misión épica, de un encuentro interestelar improbable y, sobre todo, de la capacidad de un ser humano para encontrar sentido incluso en los lugares más remotos del universo.

Parece increíble que todo haya comenzado hace apenas unos días, por un instante de curiosidad en un viaje cualquiera. Bastó con ver a una desconocida leyendo un libro de portada llamativa para poner en marcha una cadena de acontecimientos: la búsqueda, el descubrimiento y, finalmente, la lectura.

Qué buena fórmula.

Solo hizo falta un poco de curiosidad, el deseo de encontrar nuevas lecturas y la costumbre de permanecer atento mientras el metro avanza.

Aquel trayecto dejó de ser un viaje pasivo. Se convirtió en el inicio de una aventura.
En el camino conocí a un protagonista que jamás quiso ser héroe y descubrí que el autor era el mismo de El Marciano. Como si fuera poco, supe que esta novela inspiró una película estrenada en marzo de este año.

Ahora cierro el libro y la historia sigue dando vueltas en mi cabeza. Pienso en Rocky, en Erid, en los astrófagos, en el Sol y en la Tierra.

El día ha sido largo. El sueño comienza, por fin, a hacerse presente.
Y, sin embargo, ese otro libro, el que espera pacientemente sobre la mesa, parece estar llamándome.

martes, 30 de junio de 2026

lunes, 29 de junio de 2026

El Loco: Canto V

Y entonces, pude ver un extenso camino

Era una ruta que me alejaba de lo conocido.
El cielo destellaba, mis recuerdos eran apenas un instante y más bien parecía todo converger.
Un momento de integración
Donde el ayer, el hoy y mañana se unían
Esa sensación me inundaba por completo
Lo ajeno era conocido
Lo olvidado brotaba nuevamente
Mis pasos en la arena, se dibujaban en una estela
Mientras el pasto se mecía
No me extrañó entonces, quedarme absorto y contemplativo
Pues esa huella marcaba un antes y después
Un quiebre entre lo vista hasta ahora
Que me llevaba a reflexionar sobre cada creencia que había conocido
No hubo prisa entonces
Pues mi viaje no era de urgencia
Sino de aprendizaje
Y para aprender, la celeridad no es siempre buena consejera
Así lo había pensado en mi infancia
Pues cavilaba profundamente  cada etapa
Aún a riesgo de quedarme sólo, o parecer más lento que los demás
Mi tiempo era simplemente mío
Y mi viaje interior así lo demandaba
Mi capacidad de observación e introspección, crecieron
El tiempo entonces fue relativo
Y aquellos que me aventajaron, fueron siendo alcanzados.
Mi curso siguió siempre su viaje
Pues mi camino resonaba como el eco
En una invitación para la travesía
De tal forma, que mi presencia en aquél lugar, era parte de ese propósito
Me quedé observando,nuevamente
Sin saber a ciencia cierta, cuanto más estaría allí.

sábado, 27 de junio de 2026

Haiku

 Noche de invierno,

río de hielo fluye lento,

luna en silencio.

El Loco: Cuarto Canto

 Abrí los brazos y los agité, como lo hacen las aves.

Todo eso, mientras apreciaba el horizonte entre el océano y la extensa pradera que me albergaba.
El sol nacía y quemaba de forma suave
La mirada de ese instante era plena
Los desvaríos reiterados como un bucle sin salida, ahora abrían paso a la serenidad.
¿Era acaso esto, lo que había buscado?
Sino lo era,se parecía mucho, y era agradable.
Agradable no ser consumido por el temor
Agradable no ser devorado por la ira
Era la paz interna, que brotaba
Mientras el largo camino serpenteante, invitaba a reanudar la marcha
Sabía de los desafíos
Conocía bien la cara ácida de la vida
Sin embargo, ahora había una forma de coexistencia, conmigo mismo
Saber defenderse está bien
Pero eso no niega, la colaboración y ayuda
El amor y los acuerdos
Los fantasmas se desvanecían
Al contrario, la energía de ellos se transformaba en protección
Una mano tendida
Un susurro de consejos
La soledad quedaba atrás
No había sino integridad
Donde yo también tenía un lugar
Así retome mi viaje
Esta vez, la ciudad me parecía más cerca que nunca....