sábado, 11 de julio de 2026

El laberinto del dogmatismo: Oposicionismo, fractura y el costo del diálogo en la Megarreforma

 El escenario político chileno actual enfrenta una de sus pruebas más ácidas con la tramitación de la llamada Megarreforma del Gobierno. 

Lo que debió ser un espacio de deliberación democrática y técnica de cara a las urgencias de Reconstrucción Nacional ha terminado por desnudarse como un tablero de intransigencia extrema. En este ecosistema, sectores de la oposición legislativa parecen haber adoptado un antagonismo declarado y un "oposicionismo" ciego como única línea de identidad programática, cerrando de portazo las vías a un entendimiento sostenible en el tiempo.

Este atrincheramiento quedó expuesto con dramatismo durante las recientes negociaciones en la Comisión de Hacienda del Senado. Cuando la bancada de senadores del Partido por la Democracia (PPD) intentó tender puentes y forjar un acuerdo en materia de invariabilidad tributaria —buscando equilibrar la atracción de inversiones con la recaudación fiscal— la respuesta del resto del bloque opositor no fue el debate de ideas, sino la represalia corporativa.

La política del "Bullying" y la coacción interna

El intento de acuerdo de los parlamentarios del PPD gatilló una inmediata y virulenta ola de presiones y coacción política interna. Catalogados velozmente desde sectores del Frente Amplio, el Partido Comunista y la Democracia Cristiana como impulsores de un "pésimo acuerdo", los legisladores fueron blanco de lo que el propio Ejecutivo tildó abiertamente como un "bullying" coordinado para forzarlos a alinearse.

Esta asfixia estratégica operó en dos niveles:

• Aislamiento en el bloque: Se amenazó activamente con quebrar la unidad de la izquierda y centroizquierda, desautorizando su autonomía política mediante un desmarque masivo hacia el Tribunal Constitucional (TC).

• Presión orgánica y bases: Estructuras del propio partido —como la Mesa Regional Metropolitana y facciones de concejales— salieron a censurar públicamente a sus senadores, acusándolos de "debilitar la confianza interna" y actuar al margen de las directrices partidarias.

El desenlace de esta dinámica es sintomático: acorralados por la hostilidad de su sector y ante controvertidos ajustes de última hora en el impuesto corporativo por parte del Ministerio de Hacienda, los senadores del PPD optaron finalmente por retractarse y desahuciar el pacto. El oficialismo partidario, liderado por Raúl Soto, celebró este repliegue y reafirmó la postura de sumarse en bloque a impugnar el proyecto ante el TC.

El peligro de la trinchera

El fracaso de este acercamiento político deja una lección preocupante sobre la salud democrática del Congreso chileno. Cuando el disentimiento legítimo es castigado con la hoguera pública y la coacción interna, el incentivo para construir mayorías transversales desaparece.

La negación sistemática al diálogo no debilita al adversario en el poder; debilita directamente las soluciones que la ciudadanía demanda con urgencia.

 Mientras el antagonismo declarado siga primando sobre la vocación de acuerdos, Chile arriesga quedar atrapado en una parálisis legislativa crónica donde las reformas estructurales se defienden o rechazan desde el dogma, y nunca desde el bien común.

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