jueves, 2 de julio de 2026

Un viaje en metro

 Voy en el metro.

Como tantas otras veces, me dedico a observar. La mayoría cavila en silencio; otros se refugian en la pantalla de sus celulares. Cada pasajero parece habitar un mundo propio.

De pronto me detengo. Algo llama mi atención.
Veo a dos personas completamente absortas en la lectura. Una está muy lejos. La otra es una muchacha que sostiene un libro cuya portada me resulta imposible ignorar: un astronauta suspendido en el espacio, unido por un cordón a algo que no alcanzo a distinguir. Hay algo en esa imagen que despierta mi curiosidad.
Intento leer el título. Solo alcanzo a distinguir unas palabras: Proyecto Mary...
El libro queda rondando en mi cabeza.

Al llegar a casa, recurro a Google. Escribo lo poco que recuerdo y aparece el resultado: Proyecto Hail Mary.
Leo sobre su autor, la historia y las críticas. Todo parece confirmar la intuición que tuve en aquel vagón. El interés se transforma en decisión. Salgo a buscarlo, junto con otro libro que también había resuelto comprar.

Hoy he terminado de leerlo.

El final me deja pensando. Comienza envuelto en incertidumbre y concluye dejando abiertas más preguntas que respuestas. Es un relato de una misión épica, de un encuentro interestelar improbable y, sobre todo, de la capacidad de un ser humano para encontrar sentido incluso en los lugares más remotos del universo.

Parece increíble que todo haya comenzado hace apenas unos días, por un instante de curiosidad en un viaje cualquiera. Bastó con ver a una desconocida leyendo un libro de portada llamativa para poner en marcha una cadena de acontecimientos: la búsqueda, el descubrimiento y, finalmente, la lectura.

Qué buena fórmula.

Solo hizo falta un poco de curiosidad, el deseo de encontrar nuevas lecturas y la costumbre de permanecer atento mientras el metro avanza.

Aquel trayecto dejó de ser un viaje pasivo. Se convirtió en el inicio de una aventura.
En el camino conocí a un protagonista que jamás quiso ser héroe y descubrí que el autor era el mismo de El Marciano. Como si fuera poco, supe que esta novela inspiró una película estrenada en marzo de este año.

Ahora cierro el libro y la historia sigue dando vueltas en mi cabeza. Pienso en Rocky, en Erid, en los astrófagos, en el Sol y en la Tierra.

El día ha sido largo. El sueño comienza, por fin, a hacerse presente.
Y, sin embargo, ese otro libro, el que espera pacientemente sobre la mesa, parece estar llamándome.

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