Sobre el dolor
El dolor de cierta manera es un aviso, una suerte de alerta que algo nos afecta y daña.Desde dicha mirada, aunque incluso profundamente agobiante y persistente, el dolor nos remite a un momento de malestar, riesgo, crisis o enfermedad.
Una herida, un trauma o golpe, remiten dolor y causan dolor.
Somos dolientes igualmente en la pérdida, el despojo o el abandono.
¿Es entonces posible señalar que el dolor es lo opuesto del placer?. Si bien el placer es goce, disfrute, puede allegarse a este igualmente el dolor, y así experimentar un placer con dolor, un goce con sabor extraño, que termina minando ese extasis..
Por tanto, el dolor posee cualidades variadas, no sólo emana, sino se infiltra e instala, e incluso se adosa para convivir diariamente...
Si en la herida, el dolor es alerta, un malestar que reitera su mensaje de atención, asimismo es un proceso que renuncia en la medida, que procedemos a curar y tratar esa causa.
Sin embargo, en la convivencia el dolor pareciera ser más persistente, obcecado e intrusivo.
El dolor físico podemos graduarlo en mayor o menor intensidad, el dolor emocional, espiritual inclusive, se muestra insondable, sin magnitud concreta, pues permea el conjunto de sensaciones y desde allí lanza sus pulsaciones..
El dolor físico es malestar, que golpea, quiebra y flagela, el dolor interior es más un vaho, un gas que intoxica, apremia y nos demuele lentamente..
No hay comentarios:
Publicar un comentario