viernes, 26 de junio de 2026

El Loco: Tercer Canto

 Seguí avanzando.

Sin mirar atrás. Y mientras el sol nacía sobre la marisma y el mundo recuperaba sus nombres, algo en mí quedó atrás junto al fuego.

No sé si fue el delirio.
No sé si fue la pena.
O si fue, finalmente, el loco. Pero el que caminaba ahora era otro.
Más liviano, más desnudo, como quien ha dejado la piel en la orilla de un río que ya no volverá a cruzar. El camino no hablaba.
Solo respiraba.

Y yo aprendí a respirar con él. A veces una piedra se clavaba en mi pie y, en lugar de maldecir, sonreía.
Porque el dolor también era una voz antigua que por fin me reconocía.
A veces el viento me traía fragmentos de canciones que creí olvidadas:
voces de mujeres que amé,
risas de niños que nunca fueron míos,
el llanto de un perro al que abandoné una noche de invierno. Todos ellos caminaban ahora dentro de mi pecho,
no como fantasmas,
sino como compañeros silenciosos. Una tarde, al borde de un acantilado, me detuve.

Abajo, el mar golpeaba las rocas con furia de amante despechado.
Allí, frente al abismo, hablé por primera vez en voz alta desde que salí del fuego: —“Ya no te busco.
Ya no huyo de ti.
Si eres locura, que seas bienvenida.
Si eres cordura, que seas bienvenida.
Si no eres nada… también seas bienvenida.” El viento se llevó mis palabras.

El mar no contestó.
Y sin embargo, algo dentro de mí se acomodó,
como quien por fin encuentra la postura exacta para dormir en la tierra dura.

Desde entonces viajo sin nombre.
A veces me llaman loco todavía.
Otras veces me llaman sabio.
Yo respondo a ambos con la misma sonrisa tranquila,
porque sé que ninguno de los dos nombres me pertenece. Ahora duermo donde me sorprende la noche.
Ya no junto al fuego.
Ahora el fuego duerme dentro de mí,
pequeño, constante, sin humo. Y cuando sueño,
ya no veo rostros que me juzgan.
Veo caminos.
Miles de caminos.
Todos abiertos.
Todos míos. Y camino. Porque al final comprendí
que el loco no se cura.
El loco se transforma.
En aquel que ya no necesita curación. Y así sigo,
hijo del fuego y de la niebla,
hermano del viento y de la piedra,
amante de todo lo que no tiene fin. 

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