jueves, 4 de septiembre de 2008

Revelación












Apenas un instante previo, quizás un segundo en el espacio que flota entre el viento carcomido por el smog de la ciudad, fue el que me detuve a observar la hermosa vista de la Cordillera nevada. Sus macizos inmensos, solemnes y fortificados se aparecían como una suerte de ilusión fascinante y a la vez inasible.

La sombría niebla desmantelada, borrada de una plumada por la intensa lluvia que esparció la necesaria humedad y respiración a la asfixiada población representaba la imagen de salvación en medio de la noche.

A ratos, en alguna esquina quizás por escepticismo tornaba nuevamente mi vista en el horizonte y me encontraba nuevamente con esa sensación de perplejidad junto con la alegría primaria, instintiva y básica que te informa de una nueva situación, del anuncio estelar de los Dioses sepultados. Así nuevamente encuentras el sendero perdido entre la invasora modernidad y su plataforma de cemento y artificios junto a la comunicación de la naturaleza con sus sistemas sublimes y de una omnipresente magnificencia.

El día invitaba a caminar, a respirar profusamente el aire que transportaba una suerte de energía invisible pero a la vez sensible de parte de aquellos que caminamos en la ciudad gris..

De repente pensé en mi ciudad de infancia, en su esplendorosa muralla de cordones montañosos que recorren y circundan mágicamente su entorno. Volví a correr tras la brisa fresca, en busca de un volantín fugitivo o tras la huella indeleble de los caminantes de antaño; rutas extraviadas de exploradores, ganaderos o sencillamente hombres comunes y corrientes que mantenían el contacto con la solemne imagen proyectada desde el macizo cordillerano..

Imponente fue dicho recuerdo, así por un momento olvidé el escabroso sonido de bocinas y automóviles para encontrarme de frente con la silueta alba de aquella construcción natural acompañada de resplandecientes destellos de plata en sus faldeos.

Así quedaban atrás los ruidosos devaneos de miles de personas que pugnaba por avanzar y la imagen magnética volvía a invitarme a recorrer sus caminos y senderos como antaño, cuando la alianza con la montaña mágica estaba en pleno apogeo….

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