lunes, 8 de noviembre de 2010

Diálogo en el camino




Joven: -Subestimar lo esencial, ¿qué puede implicar eso?, acaso; ir más allá de los límites, arrasar con lo estipulado, avanzar sin transar.

Anciano: -Indudablemente el ejercicio de la libertad implica comprender la capacidad de albedrío o de juicio respecto a los actos en libertad que vendría a ser lo mismo..

Joven: -Si ya sé, el albedrío, el pensamiento ético, pero eso ¿a quién le importa?, cuando dispones de tu fuerza para no pedir explicaciones

Anciano:- Humm, tu razonamiento me recuerda el diálogo de Melos, allí las razones de los melios no bastaron para detener a los Atenienses y sus razones investidas de poder.

Joven: -En fin, supongamos que simplemente pensamos que lo que hacemos es simple manifestación de nosotros.

Anciano: - En eso coincido

Joven
: -Bueno, entonces deberás asumir que lo que realizamos nos refleja

Anciano: -Eso mismo acabo de señalar.

Joven: -Bien, entonces si lo que reflejamos es nuestra esencia, entonces estamos destinados a actuar de acuerdo a lo que nos emana, es decir a lo que deseamos.

Anciano: -¿Deseamos o elegimos?

Joven: -Siempre complicas las cosas, al caso da igual...

Anciano: -Me parece que no es así, el mero impulso es la fuerza motora de los animales, en cambio la voluntad la es del hombre.

Joven: -Si, si ya sé, toda esa ficción de nosotros como seres libres, ¿no has pensado alguna vez que no somos libres?, que muchas veces nuestros actos son simples manifestaciones de fuerzas desconocidas, que somos como hojas en el vaivén del viento y que hagas lo que hagas no cambiarás nada.

Anciano: -Muchas veces lo he pensado, muchas otras también me he percatado de la fuerte raigambre de nuestra naturaleza, de nuestras emociones, de nuestras creencias, de lo misterioso que puebla nuestra existencia y de nuestra incapacidad para abarcar la totalidad, más nunca he perdido la capacidad de buscar mi camino, el que pienso correcto, aunque halla errado, en más de una ocasión.
Es decir no evito darme cuenta, de aprender, conocer y destacar lo mejor de mí, aunque sea adornado con la más absoluta humildad e ignorancia.

Joven: - Siempre me complicas las cosas, ahora no sé que pensar..

Anciano: -Ese es un buen comienzo-, señaló el anciano y sonrió mientras avanzaba-....

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