martes, 28 de abril de 2009

El Viaje Continua




El día amanece, el sol transportado mágicamente desde el oriente ilumina nuevamente el sendero de nuestra vida, atrás y algo tímida nos observa la Luna con su ternura maternal.

Apenas un instante atrás en nuestro despertar hemos sido testigos de encuentros mágicos entre sueños y desafíos para atravesar nuevamente a nuestra “realidad” el mundo de nosotros, el que nos ha tocado surcar en medio de los múltiples caminos que podemos labrar.

La sempiterna mirada que busca en el afán infinito del ansiado encuentro no demuestra inquietarse ante la verdad develada en medio del silencio de la mañana, de este modo comienza a entrelazarse el recorrido hacia nuestra búsqueda que supone un destino o al menos el deseo de encaminarse hacia lo deseado sea esto de la naturaleza que sea.

Resulta difícil encontrar lo deseado y es más a ratos la “simple misión” de permanecer y transitar por esta vida ya es algo titánico. Sin embargo la fuerza vital bulle dentro de nuestro organismo, movilizando nuestros pasos día y noche. No existe descanso alguno, es una marcha de agitados pasos que dan lugar a una escalada, ascenso y descenso sin trepidar en lo recorrido o realizado. Sólo se atisba el camino inexistente, aquél en el que nos reconocemos como seres creados y creadores de posibilidad, aquellos que demuestran que la mínima diferencia impacta en magnitudes inesperadas, construyendo un ámbito sin parangón dentro de lo existente. Así constatamos el valor de la particularidad y la fineza de la diferencia del mínimo detalle, del signo que emerge en cada instante señalándonos a cada uno una suerte diferenciada aún cuando realicemos nuestro mítico viaje en la misma embarcación.

Nada es igual y aunque todo se torna semejante, fatigoso, rutinario no termina por sorprender con el mínimo matiz, sea esta luz, sombra, tristeza o alegría. Cada día es una nueva oportunidad con un conjunto de caminos por recorrer más allá de lo aparente y desde nuestra propia capacidad y libertad. El desafío está entonces en aprender a afinar nuestro olfato, los pasos a dar y sobre todo esa inmensa capacidad de abordar nuestro recorrido sin abatir nuestros propios sueños o ideales. ¿Cuántas veces somos los peores jueces de nosotros mismos? O al contrario; nos transformamos en simples escépticos ante nuestro impulso por avanzar.


Debemos aprender a impulsarnos, antes de restar nuestra fuerza, ser germinadores de nuestras ideas, entusiasmarnos y “darnos la oportunidad” de experimentar aquello que buscamos.

A ratos podemos decaer, más todo forma parte del juego en donde estamos al desplegar nuestra búsqueda. Reglas no escritas, reglas presentes que son parte del engranaje de la enorme y compleja maquinaria en donde nos encontramos.

Las encrucijadas, los acertijos del viajero junto al enigmático laberinto son y serán nuestros acompañantes, el intentar olvidar aquello es quizás sólo una muestra de las artimañas en las que deberemos demostrar nuestra habilidad y astucia tal cual lo hizo Ulises ante circe en su periplo al retornar a la ansiada itaca.

Nuevamente se inicia el día, el sol proveniente de oriente avanza hacia el occidente en busca de la ruta, nuevamente inicias tu camino, así será hasta que llegues al puerto de tu vida con la carga de historias, trofeos y derrotas en este ir y venir hacia el mágico destino que guarda y resuena en nuestro interior.

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