lunes, 23 de agosto de 2010

Los 33 de Atacama



La sensación de agobio aumentaba en los ansiosos espectadores de aquél escenario montado a contrapelo en medio de nuestro desierto atacameño.

El sol abrasaba los cuerpos de trabajadores y rescatistas en medio de faenas orientadas a lograr el ansiado contacto, más allá pululaban periodistas, policías y una variedad significativa de políticos de variada procedencia.

La vieja mina había cedido a la avanzada inicial evidenciando cuan vulnerable era el trabajo realizado por aquellos hombres que horadaban sus entrañas en los días previos al derrumbe, Ellos, sin más instrumentos que los viejos recursos siempre escasos e insuficientes habían extraído sin más la cuota de riqueza que aquella tierra podía entregar hasta que llegó el instante que algunos interesados habían intentado obviar y que dejaba de manifiesto el deterioro de aquella mina que los informes técnicos había entregado a las autoridades para detener las excavaciones y prospecciones sin recibir la respuesta esperada.

De tal forma, el panorama no era sino el montaje de una obra con características de drama y epopeya escrita mil y una veces en la historia de nuestro país.

Por un lado, los heroicos mineros atrapados en las entrañas de la misma tierra que los ata y dirige con poderes fantásticos invitándolos a aventurarse hacia la promesa del mineral señero, otro tanto corresponde a rescatistas y trabajadores encargados de llevar a cabo lo imposible para los humanos, más allá familiares que lamentan, lloran y deambulan entre la desesperación y la perplejidad de una tradición para ellos conocida, pues no serán ni los últimos ni los primeros en la larga data de accidentes de la minería, policía a cargo del orden y personajes curiosos que van y vienen mostrando sorpresa, emocionalidad y comprensión. ¿Cuántos realmente sabrían de esta mina o de Atacama?, me pregunto en la intimidad. Son los mismos que en un dejo de superioridad siempre evidencian una perspectiva de cosmopolitas ajenos a las “barbaridades” de nuestra tierra.

La tierra nuevamente ha recordado su lugar al hombre, al pequeño homo sapiens que busca trepanar las entrañas subterráneas sin consulta, medida o respeto y asimismo a quienes dicen ser los encargados de tal labor económica y no escatiman en exprimir con las mínimas seguridades los frutos de allí emanados.

La temperatura se expande sobre la superficie, se evidencian jadeos, miradas extraviadas y la búsqueda de algún refugio que logre paliar la sensación de calor que no se detiene. Esa es la realidad, algunos pareciesen conocerla tan sólo por imágenes y en medio de la turbación emiten sonrisas y miradas de insoportable levedad.
De pronto, surge un ruido, luego el movimiento y posteriormente la euforia, la sonda ha dado con el refugio de los mineros, quienes han dejado al paso un mensaje: Los 33 estamos bien. Simple, preciso, ¡que lucidez!, aún bajo la tierra y a setecientos metros aquellos hombres nos demuestran su entereza y capacidad…..

Un leve detalle se sabrá después, la sonda se desvió cerca de unos cincuenta metros y con ello logró dar con el objetivo. ¿Milagro, la mano divina retorna luego del exilio?, quién sabe, de eso los humanos nunca sabemos mucho. Seguramente serán las mismas palabras que los mineros repetirán una y otra vez junto con las gracias a Dios, fe y esperanza.

Vendrán días complejos para el rescate, no obstante la primera etapa se ha cumplido a cabalidad, realmente no me extraña el comportamiento de los mineros, los conozco al igual que a los campesinos, arrieros, colonos y a cuanto arquetipo de valentía, tesón y trabajo que habita nuestra tierra que nos ampara y hoy con este gesto nos ha unido nuevamente ante el rigor…..

Desde la ciudad gris se escuchan bocinas, hay alegría en las calles, Chile comienza a entender su sentido y la palabra unidad y compatriota se escucha cada vez más seguido… ….

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