lunes, 16 de agosto de 2010

Tras el rumbo



Al subir al auto apenas sintió las advertencias del chofer ante el avasallante avance de los automóviles en la pista, -El- cual sonámbulo poseído por una fuerza superior sólo asintió ante el conductor y luego fijó su mirada en el horizonte-.

El cielo se oscurecía y una suerte de sombría sensación lo iba poseyendo paulatinamente, ya no era esa sensación de incertidumbre que había experimentado previamente sino algo que lo sumergía derechamente en una depresión sin salida, en un literal descenso hacia el inframundo, que no era un lugar externo sino su propio interior, el que bullía entre seres, ruidos y voces que lo acongojaban mientras deambulaba extraviado, sin destino hacia ese camino anhelado.

Las preguntas se desprendieron como fruta madura, una tras otra hasta conformar un bombardeo que literalmente lo arrinconó, ¿Qué había sucedido?, estaba seguro y abandonaba su misión, la misma que se había prometido llevar hasta las últimas consecuencias. Había desechado el amor candente de ella, ni siquiera había sido capaz de llamarla, explicarle su estado o intentar prorrogar la fecha de su encuentro. Nada de eso, simple y llanamente había optado por la excusa de los cobardes, el escape sin más.

Sentía que había perdido algo valioso, de eso no había duda, no obstante sentía igualmente que dicho amor no era para el, no lo merecía, es más aventuraba a expresar íntimamente el sentimiento de menosprecio hacia sí mismo, explicándose los motivos de su ahora traición en ese aspecto. Bien sabía que allí existía una de las razones más no la principal, eludía el profundizar su reacción, algo intuía de lo que podría emerger de su exploración en ese espacio interno y no se tentaba fácilmente ante dicha demanda que su conciencia le exigía como el mínimo acto de correspondencia con la conducta de aquella tarde.

Miró nuevamente hacia la calle y observó un espacio gris, las personas comenzaban a correr por la lluvia (igual que yo, huyendo se decía), todos huimos de algo, sentenciaba buscando de alguna forma calmar su estado de exaltación interna, no lo lograba y al contrario las contradicciones aumentaban a cada instante sin detenerse en lo más mínimo, sin clemencia, ese era su juicio, lo sabía y por ello buscaba apelar.

Nuevamente se fijó en ese horizonte insoslayable y distante, mientras seguía ese proceso de reflexión, de ataque y contraataque consigo mismo, en una suerte de espiral envolvente y sinfín. Sabía que amaba a aquella mujer y le era imposible a esta altura negarlo-nunca tan bajo, pensó- sin embargo no estaba con ella, había escapado sin aviso, ¿porqué? No escatimo esfuerzos y se lanzó en esa suerte de pozo profundo que era su estado de conciencia y confrontó sus demonios que se acercaban cada vez más cerca de sus esmirriadas defensas, mientras en la ciudad la lluvia desencadenada en pleno cubría la totalidad del ambiente y en la radio aseguraban que dicho frente duraría al menos dos días.

Aturdido y sin la menor capacidad de lograr la anhelada tranquilidad sólo apelo a descansar su espalda en el asiento, cerrar los ojos y señalarle al conductor que le avisara cuando llegarán a la dirección señalada.

Nada parecía tener lógica sin embargo íntimamente descansó al pensar que aquella tarde su mujer e hijos estarían en el hogar esperando su llegada, probablemente con un té caliente y algo de calor me sienta mejor, se dijo asimismo y luego se durmió abandonando toda opción por dar respuesta a ese juicio interno que traía consigo……

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