martes, 27 de enero de 2026

Conciencia

 Y sin embargo, sigo aquí

Soñando el sueño de muchos

Tras la amplia noche de estrellas

Esperando el sol que vendrá

Entre noches y amaneceres

Koan

 Las alas crecieron entre piedras.

Los átomos volaron hacia el universo.

¿Quién observa el vuelo cuando no hay vuelo ni observador?

 

Feminismo selectivo: cuando el poder condiciona la indignación

En Chile, el feminismo ha sido una de las fuerzas políticas y culturales más influyentes de la última década. Su capacidad de movilización, de instalación de marcos éticos y de interpelación al poder fue decisiva en hitos como el movimiento estudiantil feminista de 2018 o las masivas marchas del 8 de marzo. Sin embargo, esa misma fuerza hoy enfrenta un cuestionamiento creciente: la percepción de un feminismo selectivo , más severa con los adversarios políticos que lleva consigo mismo.

Los casos recientes de Manuel Monsalve, Kena Lorenzini, el suicidio de una funcionaria del Ministerio de Hacienda y la desvinculación de Isabel Amor revelan un patrón inquietante. No se trata de hechos aislados, sino de situaciones distintas atravesadas por una constante: la dificultad del feminismo institucional para actuar con la misma contundencia cuando el conflicto emerge dentro de su propio campo político o estatal .

En el caso Monsalve, la denuncia por violación contra el entonces subsecretario del Interior no encontró una reacción inmediata, coordinada y proporcional por parte de los principales referentes feministas ligados al oficialismo. Hubo declaraciones posteriores y distanciamientos formales, pero el silencio inicial y la demora en la remoción del cargo fueron leídos como una señal inequívoca de cálculo político. Cuando el agresor no pertenece al “afuera”, la indignación parece administrarse con cautela.

Algo similar ocurrió con Kena Lorenzini. A pesar de que un sumario acreditó maltrato laboral, el debate dentro del mundo feminista se desplazó rápidamente desde la conducta denunciada hacia la crítica al “punitivismo” y la supuesta cancelación de una figura histórica. El resultado fue una relativización del daño y la ausencia de una exigencia clara de responsabilidad ética. La comparación con la dureza aplicada a hombres acusados ​​de acoso en otros contextos resulta inevitable.

El suicidio de una funcionaria pública en el Ministerio de Hacienda profundizó aún más esta tensión. A pesar de las denuncias previas de maltrato laboral, el feminismo institucional optó por una respuesta estrictamente procedimental, amparada en límites de competencia. No hubo una lectura estructural potente sobre salud mental, niveles de poder ni precarización emocional en el Estado. El caso fue rápidamente encapsulado como una tragedia individual, y no como un fracaso político de un aparato que se declara feminista.

El caso de Isabel Amor terminó de consolidar esta percepción. Su desvinculación exprés del Sernameg, bajo el argumento de “pérdida de confianza”, no recibió una defensa clara desde el feminismo institucional. El silencio fue interpretado como un respaldo tácito a una decisión arbitraria, donde la disciplina política pesa más que la defensa del debido proceso y del liderazgo femenino.

Estos episodios contrastan de manera evidente con otros escenarios donde el feminismo chileno sí ha sido eficaz: reacciones rápidas, relatos claros, presión sostenida y consecuencias concretas. ¿La diferencia? En esos casos, el responsable suele pertenecer a un “afuera” político nítido, sin costos internos relevantes. Cuando el conflicto amenaza al propio ecosistema de poder, aparecen las zonas grises, las cautelas y los silencios.

No se trata únicamente de mala fe. La institucionalización del feminismo, su inserción en el Estado y su dependencia de coaliciones políticas explican parte de esta conducta. Pero entender las causas no elimina el problema: un movimiento que se presenta como marco ético universal no puede permitirse estándares variables sin pagar un costo de credibilidad.

El riesgo es claro. Cada silencio selectivo, cada reacción tardía, fortalece la idea de que el feminismo dejó de ser una voz incómoda para el poder y pasó a ser, en algunos casos, su administradora. Y cuando eso ocurre, no solo se debilita un movimiento: se vacía de contenido una de las promesas transformadoras más importantes de los últimos años.

 

domingo, 25 de enero de 2026

Lluvia de verano

 Lluvia de verano

Que lava las calles

Lluvia inesperada
Que alegra y sorprende

Entre relámpagos y truenos
Que evocan otra época

Mientras, la luz se va perdiendo
El sol se deja ver entre nubes,
y de pronto el Arcoiris
Una imagen memorable
Que no detiene el curso
De una puesta de sol
Y la lluvia prosigue
En un instante;
Oscuridad y el agua que escurre
La ciudad sucumbe en ciertas áreas
Así, los faroles se apagan
Tal como un escenario
Donde la obra ha culminado
Ha llegado la noche 

Santiago, 25 de enero 2026

Voluntad de Ser: Alex Honnold

La escalada de Alex Honnold en Taipei no puede comprenderse únicamente como una proeza atlética ni como un gesto espectacular.

 En ella se pone en juego algo más radical: una Voluntad de Ser que se afirma en el límite, allí donde la existencia deja de ser abstracta y se vuelve completamente concreta. Frente a la superficie pulida de la ciudad y sus promesas de seguridad, el cuerpo humano aparece expuesto, lúcido y absolutamente presente.

En el imaginario contemporáneo, la ciudad representa el dominio del control: planificación, cálculo, reducción del riesgo. Taipei, con su arquitectura vertical y su orden tecnológico, encarna esa voluntad de previsión que busca neutralizar la incertidumbre. En ese contexto, la figura de Honnold ascendiendo sin cuerda introduce una fisura. No es una negación de la técnica —su preparación es meticulosa—, sino una negación del exceso de mediación que separa al individuo de su experiencia directa del mundo.

La Voluntad de Ser no equivale aquí a una pulsión temeraria ni a un deseo de muerte, como a veces se sugiere al hablar del free solo. Al contrario, se trata de una afirmación extrema de la vida entendida no como mera continuidad biológica, sino como presencia consciente. En la pared, cada gesto es definitivo; cada decisión carece de margen simbólico. No hay ensayo ni representación: solo acto. En ese sentido, escalar es una forma de pensamiento corporal, una filosofía ejecutada con músculos, equilibrio y atención.

A diferencia de la “voluntad de poder” nietzscheana, orientada a la expansión y la dominación, la Voluntad de Ser que se manifiesta en Honnold es silenciosa, casi ascética. No busca imponerse sobre el entorno, sino habitarlo plenamente, aceptando sus condiciones sin atenuantes. La pared no es un enemigo, ni un obstáculo a conquistar; es una realidad a la que el escalador se ajusta con precisión absoluta. Ser, aquí, significa estar a la altura de lo real.
El riesgo, en este marco, no es un accesorio dramático, sino la consecuencia inevitable de eliminar capas de protección simbólica. Vivimos rodeados de amortiguadores: seguros, protocolos, narrativas que nos permiten fallar sin que nada esencial esté en juego. 

La escalada urbana de Honnold suspende momentáneamente ese régimen. El error deja de ser una posibilidad abstracta y se convierte en una verdad inmediata.

 Precisamente por eso, la conciencia se afila. La Voluntad de Ser emerge cuando no hay lugar para la dispersión.

Hay también un contraste profundamente político en esta escena: un solo cuerpo humano moviéndose lentamente sobre una estructura pensada para multitudes anónimas. Frente a la ciudad que absorbe identidades, la escalada devuelve singularidad. No hay reemplazo posible, no hay delegación. Ese cuerpo es insustituible, y su presencia irrefutable.

En un mundo que tiende a la despersonalización, el acto de Honnold es una afirmación radical del individuo no como ego, sino como existencia encarnada.

Así, la Voluntad de Ser no se expresa en palabras ni en consignas, sino en la coherencia absoluta entre decisión y acción. Ser es comprometerse sin reservas con el instante presente. Ser es aceptar que la libertad no consiste en la ausencia de límites, sino en la elección consciente de enfrentarlos. En la altura, suspendido entre el vidrio y el vacío, Honnold no representa una hazaña: encarna una pregunta antigua y siempre incómoda—qué significa, realmente, estar vivo.

Antropología Filosófica: Una propuesta Innovadora

 Ser-humano es un estudio de antropología filosófica que no se conforma con una única definición del “ser humano”, sino que propone una especie de “mapa” o cartografía de las diversas formas en que a lo largo de la historia se ha concebido lo humano. Holzapfel explora distintas perspectivas —mitológicas, religiosas, filosóficas, sociales— y las organiza como concepciones antropológicas que sirven para entender distintas formas de ser y vivir la humanidad.


Holzapfel organiza las concepciones en una secuencia que va desde las formas más arcaicas y míticas hasta una propuesta de futuro filosófico: el “ser humano consciente”.

1) Homo sacer (el hombre sagrado)
• Es el modelo humano más antiguo en la cartografía de Holzapfel.
• Se trata de una forma de ser humano mítico y sacro, para quien la realidad se interpreta a través de relatos legendarios y mitos que dan sentido al mundo y a la acción humana.
Es el primer “tipo humano” porque, históricamente, la humanidad vivió largos períodos en que lo sagrado y lo mítico eran el eje de sentido de la existencia.

2) Animal racional
• Corresponde al paso desde el mito hacia la razón y el logos, característico del pensamiento griego antiguo.
• Representa una concepción en la que el ser humano empieza a explicar el mundo sin apoyarse exclusivamente en lo sagrado.

3) Homo viator (el hombre viajero o peregrino)
• El homo viator es una figura que interpreta la vida como un camino o peregrinación.
• En esta concepción, el ser humano no permanece estático, sino que está en tránsito, buscando sentido a través de experiencias y transformaciones internas.
• Holzapfel desarrolla esta idea en relación con tradiciones cristianas y filosóficas, donde la fe y el viaje interior organizan la vida humana como un proceso de transformación.

4) Ser humano como centro
• Una concepción antropocéntrica en que el ser humano ocupa el lugar central del universo y la interpretación del mundo gira en torno a él.

5) Ser humano finito
• Remarca la limitación y fragilidad de lo humano frente a su entorno, su historia y su finitud existencial.

6) Sujeto universal
• Postula al humano como sujeto capaz de universalizar su experiencia y establecer principios válidos más allá de lo individual.

7) Ser humano activo
• Aquí, el énfasis está en la acción humana como constitutiva de la realidad (el sujeto que hace, transforma y crea).

8) Ser humano volitivo
• Pone la voluntad como núcleo de lo humano: la capacidad de elección y decisión consciente.

9) Ser humano singular
• Subraya la unicidad y singularidad de cada individuo: cada humano es irrepetible.

10) Ser humano como proyección
• El ser humano es concebido como un proyecto abierto, siempre mirando hacia posibilidades futuras y metas por realizar.

11) Ser humano frágil
• Una concepción que acentúa la vulnerabilidad humana, especialmente relevante ante problemas contemporáneos (crisis ambiental, sociales, morales).

12) Ser humano consciente (propuesta propia)
• Holzapfel propone una concepción futura o actualizada: el “ser humano consciente”.
• Este tipo se define por una atención plena a la propia existencia y a la relación con el mundo, con un sentido profundo de responsabilidad ética y ecológica.
Es presentado como una posible “salida” frente a las crisis contemporáneas, integrando consciencia, responsabilidad y sentido de ser.
Cómo leer estas concepciones
• Holzapfel no presenta estos tipos como estadios estrictos y mutuamente excluyentes, sino como modos de entender lo humano que pueden coexistir, superponerse y dialogar.
• La cartografía sirve para ver cómo las grandes tradiciones de pensamiento han definido al ser humano a partir de herramientas como mito, razón, acción, fe, subjetividad y consciencia.

Resumen general

En Ser-humano, Cristóbal Holzapfel ofrece una visión extensa y plural de lo que significa ser humano a través de este repertorio de concepciones antropológicas. Va desde lo arcaico y mítico hasta lo moderno y reflexivo, culminando en una propuesta de ser humano que busca consciencia y sentido ético profundo en un mundo complejo.

sábado, 24 de enero de 2026

Alas en el Universo

 Crecieron alas entre piedras

Para que desde allí,

se elevarán los átomos hacia el universo.

 

Batiendo en la adversidad de su vuelo

Entre distintas opciones

Emprendiendo así el viaje, hacia la inmensidad.